Viernes 20 , Octubre de 2017

Uber, eBay y Airbnb deben tratarse como bolsas de valores para garantizar la equidad

Tenemos que reconocer que cada negocio es un mercado donde los compradores se reúnen con los vendedores para comerciar.

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Por Robin Harding

Uber se ha esforzado por autodestruirse. Su fracaso en hacerlo — a pesar de haber cometido cada infracción excepto atacar a los clientes — muestra las poderosas fuerzas que convierten la aplicación de transporte privado en un monopolio. Tal dominio no es bueno ni para los conductores, ni para los pasajeros. Existe, sin embargo, una elegante manera de responder ante esto: copiar el símbolo mismo del capitalismo de libre mercado y tratar a Uber como lo que realmente es: una bolsa de valores.

Las plataformas en línea como Uber para el transporte, eBay para las subastas o Airbnb para los hoteles disfrutan de un efecto de red. Esto rápidamente se traduce en la existencia de un solo jugador clave dentro del mercado. Cuantos más conductores sean parte de la aplicación de Uber, mejor será para quienes la usan; una vez que aquellos que necesitan el servicio estén usando Uber, los conductores no pueden ir a ninguna otra parte. Ese efecto de red subyace tras su valoración de US$70 mil millones, obligó a Uber a vender su operación de China al líder local Didi Chuxing, y explica por qué un comportamiento como la ofensiva diatriba de Travis Kalanick dirigida a uno de sus conductores causara poco daño al negocio.

Las plataformas son una de las especies de compañías superestrella que están tomándose una creciente proporción del ingreso total en la economía, según el economista David Autor y sus colegas. Una Uberdominante es mala para quienes necesitan transporte, ya que no obtienen ninguna opción o innovación; es mala para los conductores, ya que se enfrentan a un empleador monopolista; es mala para los competidores, ya que carecen de oportunidad de triunfar, no importa cuán bueno sea su producto; es mala, en definitiva, para todos, salvo para unos pocos inversionistas fundadores que capturan la mayor parte del valor en la industria de los taxis global, por siempre, simplemente por haberse movilizado agresivamente basados en una idea bastante obvia.

El monopolio arruina el capitalismo. Pero las tradicionales medidas antimonopolio — ordenar una ruptura o regular los precios o la conducta — son impotentes ante el efecto de red. Europa está imponiéndole a Google una multa de €2.4 mil millones por abuso de su predominio en las búsquedas por Internet. El partido demócrata de EEUU quiere un escrutinio más severo de las fusiones. Pero ninguna de esas medidas marcará una significativa diferencia en relación con plataformas como Uber.

Lo que necesitamos es un cambio de perspectiva, un cambio en nuestra comprensión de lo que realmente es un negocio como Uber: no es una aplicación de teléfono inteligente, no es un servicio de taxi, no es una empresa de software, sino un mercado donde los compradores se reúnen con los vendedores para comerciar. Uber, un clásico intermediario, se ha insertado entre los dos.

Existe un excelente modelo histórico de cómo operar un mercado justo y abierto. Las bolsas de valores evolucionaron a partir del mercado físico de una cafetería, pero las plataformas en línea necesitan la versión moderna que comenzó en 1975, cuando el Congreso creó el Sistema Nacional de Mercado (NMS, por sus siglas en inglés) con el fin de impulsar la competencia en la negociación de acciones. El Congreso debiera aprobar una ley similar para las plataformas en línea.

El NMS incluye diversas reglas, pero dos son extremadamente importantes. La regla de acceso estipula que los mercados deben mantener enlaces electrónicos con las órdenes de compra y de venta de acciones. La regla de protección de la orden estipula que los corredores deben enviar pedidos al lugar con el mejor precio. Juntas, estas reglas convierten múltiples bolsas de valores en un solo mercado compuesto. Todas las personas pueden ver y comerciar con todas las demás.

Casi exactamente las mismas reglas funcionarían para las empresas de transporte compartido. La regla de acceso requeriría que Uber y sus rivales se proveyeran mutuamente información sobre los pasajeros geolocalizados que están en busca de transporte y sobre los conductores que están buscando pasajeros. La regla de protección de órdenes requeriría que Uber emparejara a quienes buscan transporte con el conductor disponible más cercano, ya fuera que estuviera utilizando su propia aplicación o una diferente, como Lyft.

Para un pasajero, eso significaría que, cuando abren su aplicación Uber, podrían ver y solicitar los coches que conducen para Uber, Lyft o cualquier otro proveedor. Lo mismo se aplicaría a los conductores. Toda la liquidez del mercado estaría disponible a través de cada proveedor. El efecto de red se volvería irrelevante. El monopolio se destruiría.

La competencia arrasaría el mercado con resultados profundos. Nuevos servicios surgirían para conectar a quienes necesitan transporte y a los conductores con el mercado: si el director ejecutivo de Uber insultara a un conductor, el conductor podría fácilmente irse a otra compañía. Un precio de mercado genuino surgiría para el servicio de corretaje que proporcionan las aplicaciones.

Convertir las plataformas en bolsas de valores requeriría una cierta cantidad de infraestructura: un sistema de pago, por ejemplo, para que los pasajeros que usan una aplicación pudieran pagarles a los conductores que utilizan otra, dejar comentarios o resolver disputas. Pero si es posible vincular billones de dólares en negociaciones bursátiles a través de miles de acciones en docenas de bolsas, entonces es posible hacer lo mismo para el transporte compartido.

Al igual que en los mercados financieros, las bolsas funcionan mejor cuando un producto está estandarizado, pero el principio se extiende a otras plataformas con un efecto de red. Luigi Zingales y Guy Rolnick, de la Universidad de Chicago, han hecho una propuesta similar para las redes sociales: que la portabilidad de datos es necesaria, por lo que un usuario debiera poder tener acceso a todos sus datos de Twitter a través de Facebook, o viceversa.

La argumentación en pro de actuar es particularmente fuerte en Europa, donde los participantes extranjeros dominan el sector de transporte compartido en donde no se permiten en lo absoluto. Trasladarse a un modelo de bolsa ofrecería un nuevo comienzo.

Las empresas de transporte compartido y otras plataformas en línea han acarreado enormes beneficios tanto como para los compradores, como para los vendedores. Estropear eso con regulaciones sería la estrategia equivocada. Pero el cambio a una bolsa hace que la transacción sea más eficiente, no menos. En un mundo de creciente descontento acerca del estancamiento de los salarios y de la equidad del sistema capitalista, ésta es una respuesta liberal y de libre mercado. La tendencia de Silicon Valley durante los últimos años ha sido un "Uber para todo". Permitámonos más bien tener una bolsa para todo.

©The Financial Times Ltd, 2014. Todos los derechos reservados. Este contenido no debe ser copiado, redistribuido o modificado de manera alguna.

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