En un departamento caracterizado por el liderazgo de la producción agrícola mecanizada a gran escala —donde Alto Paraná se posiciona junto a Itapúa y Caaguazú como el motor agroindustrial del país, concentrando gran parte del Producto Bruto Interno agropecuario nacional—, convive una realidad fundamental para la seguridad alimentaria: la agricultura familiar.
A nivel nacional, según registros del sector agropecuario y del Instituto Nacional de Estadística (INE), la estructura productiva paraguaya se caracteriza por ser bimodal: un porcentaje minoritario de explotaciones corresponde a la agroindustria mecanizada de gran escala, mientras que más del 80% de las unidades productivas están integradas por la agricultura familiar campesina. En este escenario, la comercialización directa a través de ferias se consolidó en Alto Paraná como un modelo alternativo, rentable y con alto impacto en la economía popular.
La experiencia más emblemática de este proceso tiene su epicentro en el Barrio Obrero de Ciudad del Este, donde opera el Centro de Productores Feriantes del Alto Paraná, una red de trabajo que articula a familias de más de 18 distritos del departamento.
De la crisis del monocultivo a la diversificación financiera
El nacimiento de esta estructura comercial respondió a un quiebre estructural a principios de la década de 1990, cuando el cultivo de algodón —principal sustento de las fincas campesinas de la época— colapsó debido a plagas agrícolas y la caída de cotizaciones internacionales.
Don Teodoro Galeano Pintos, presidente del Centro de Productores Feriantes del Alto Paraná, explicó que la feria surgió precisamente como un mecanismo colectivo de resiliencia financiera entre 1992 y 1993. Tras gestiones con autoridades nacionales, departamentales y municipales, los productores acordaron instalar un punto permanente de venta directa del campo al consumidor. "A inicios de los 90, el algodón, que era nuestro sustento, se desplomó por la plaga del picudo y los problemas del mercado internacional. Nos juntamos más de 18 distritos y decidimos enfrentar la crisis organizados, creando una feria de venta directa, del productor al consumidor, sin intermediarios", recordó Galeano Pintos.
El paso decisivo para lograr la viabilidad económica del proyecto fue romper la dependencia del monocultivo e incursionar en la horticultura y fruticultura diversificada. Aunque en los inicios los servicios de asistencia técnica no estaban especializados en el rubro hortícola, la articulación comunitaria permitió concretar capacitaciones e intercambios de experiencias con técnicos locales y de países como Brasil, Argentina, Bolivia y Corea del Sur.
Asimismo, el apoyo técnico e institucional brindado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y el acceso a crédito productivo a través del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) resultaron fundamentales para equipar las fincas, estabilizar los volúmenes de cosecha y dar sustentabilidad al cambio de rubro. "Dejar el monocultivo y pasar del algodón a la diversidad de frutas y verduras fue nuestro mayor desafío. Gracias al apoyo técnico y financiero, pudimos cambiar de rubro, acceder a créditos, mejorar nuestras fincas y garantizar una producción constante", destacó el dirigente rural.
Sostenibilidad del ingreso rural y beneficio al consumidor final
Los datos socioeconómicos oficiales muestran que mientras los hogares rurales dedicados exclusivamente al autoconsumo o sujetos a la intermediación tradicional sufren altos índices de vulnerabilidad (con tasas de pobreza rural que superan el promedio nacional estimado por debajo del 22,6%), aquellos productores insertos en cadenas de valor cortas y ferias organizadas logran multiplicar sus ingresos netos anuales y asegurar una caja semanal previsible.
Para el consumidor urbano de Ciudad del Este y municipios vecinos, la eliminación de los eslabones de intermediación representa una alternativa económica directa frente a los márgenes del canal distributivo convencional. La ciudadanía accede semanalmente a productos frescos, sanos y de origen local a costos sustancialmente más accesibles. "Hace tres décadas éramos una feria improvisada; hoy sostenemos a familias de más de 18 distritos. Las familias tienen ingresos semanales, pueden sostener la educación de sus hijos y evitar la migración. Al mismo tiempo, la gente accede a alimentos frescos, sanos y accesibles a precio justo, directamente de las granjas familiares campesinas", enfatizó Galeano Pintos.
Capital humano, gastronomía y proyección a futuro
La estructura organizativa integra además dos componentes clave para el desarrollo económico local: la participación femenina y la incorporación de jóvenes rurales. Las mujeres cumplen un rol central en la gestión de las parcelas, la administración de los puestos de venta y el desarrollo de un espacio gastronómico tradicional en la feria que procesa y comercializa la materia prima producida en las propias fincas, generando un doble canal de ingresos para los hogares.
Por su parte, la inclusión de la juventud garantiza la transmisión generacional del conocimiento agrícola complementado con innovación en gestión comercial y visión de futuro, lo que asegura la continuidad del proyecto en Alto Paraná. "Cuando hay crisis, la salida es colectiva. Del monocultivo pasamos a la diversidad, y de la crisis pasamos a una oportunidad económica real que hoy alimenta a toda Ciudad del Este", concluyó Teodoro Galeano Pintos.