El acelerado crecimiento demográfico, comercial e inmobiliario que experimenta el departamento de Alto Paraná en los últimos años ha transformado radicalmente el paisaje urbano de ciudades como Ciudad del Este y Hernandarias. En sintonía con este auge de obras civiles que según los indicadores macroeconómicos del Banco Central del Paraguay (BCP) registran un crecimiento interanual sostenido en el PIB regional, surge un nuevo paradigma ineludible para el sector: la construcción sostenible y la eficiencia energética.
Atrás van quedando los proyectos concebidos únicamente bajo el consumo masivo de recursos. Hoy, la implementación de tecnologías de climatización inteligente, el reciclaje hídrico, el uso de energías alternativas y los sistemas de saneamiento ecológico se posicionan como una necesidad ambiental, una ventaja financiera y de plusvalía a mediano y largo plazo.
Logros y realidad: Hitos de infraestructura y eficiencia en la región
El mercado de la construcción sostenible en Alto Paraná ha dado pasos fundamentales impulsados por emblemáticos proyectos públicos y privados. Un ejemplo pionero en la región fue la ejecución del Conjunto Edilicio del Palacio de Justicia de Ciudad del Este, una de las obras civiles de mayor envergadura del país, desarrollada con criterios de alta eficiencia.
El Arquitecto Marcelo David Duarte Villalba, Master International BIM Manager, Master en Proyectos de Arquitectura y Urbanismo y Director General de Infraestructura y Obras de la Universidad Nacional del Este (UNE), destacó la experiencia de haber participado en proyectos de gran escala donde se priorizó el diseño bioclimático y la autosuficiencia operativa. "En el 2017 fui contratado como fiscal-residente de obra del Conjunto Edilicio del Palacio de Justicia de Ciudad del Este, en su momento la obra civil más grande del país donde se implementaron muchos criterios de arquitectura sostenible, como la doble pared como muro envolvente creando un espacio más hermético haciendo que los equipos de climatización trabajen menos", explicó Duarte.
A este hito se suman sistemas de domótica orientados a la optimización del consumo eléctrico, el aprovechamiento y reciclaje de agua de lluvia, y plantas de tratamiento cloacal mediante fito-depuración con plantas palustres para evitar la contaminación de suelos. Asimismo, en el ámbito privado, urbanizaciones de alta gama como el Paraná Country Club exigen normativas internas obligatorias, tales como el uso de tanques biodigestores para el tratamiento eficiente de aguas residuales, sustituyendo los pozos absorbentes tradicionales.
Lo que falta mejorar: Barreras, normativas y capacitación
A pesar de los avances puntuales, el sector reconoce que existen desafíos culturales y normativos que frenan una adopción masiva de los estándares ecológicos en la construcción cotidiana. Entre los principales obstáculos figuran el desconocimiento técnico inicial, la falta de incentivos impositivos y la ausencia de ordenanzas municipales específicas que regulen de manera integral la eficiencia energética en las edificaciones urbanas.
El Arq. Duarte enfatizó que el mayor impacto ambiental de un edificio no se reduce solo a su etapa constructiva, sino a toda su vida útil operativa, por lo que resulta indispensable educar y legislar sobre el tema. "Hay criterios que uno puede adoptar y no son difíciles de cumplir y contribuyen mucho a ser amigable con el medio ambiente. Lo que más contamina es la vida útil de los edificios, y las prácticas de arquitectura sostenible son una gran ayuda para el futuro. Hace falta más capacitación y normativas que impulsen la arquitectura sostenible, por ejemplo, el uso de muros y techos verdes", señaló el profesional.
Potencial a futuro: Plusvalía, ahorro y calidad de vida
De cara a los próximos años, el potencial económico de la arquitectura bioclimática en el clima subtropical de Alto Paraná es sumamente alto. Con el respaldo de opciones energéticas complementarias impulsadas desde el sector eléctrico y la optimización del diseño arquitectónico, los costos operativos de los edificios se reducen de forma drástica.
El uso correcto de la orientación cardinal de las edificaciones, las dobles envolventes con cámaras de aire para mitigar el calor, el paisajismo estratégico para refrescar los microclimas y la instalación de sistemas de biogás y abono a partir de residuos cloacales demuestran que la sostenibilidad es sinónimo de rentabilidad.
"Hoy en día la ANDE misma está viendo otras opciones de energía como los paneles solares. Una doble pared con cámara de aire intermedia hace que tus equipos de climatización trabajen menos, y el uso correcto de la orientación hace que también uses menos energía eléctrica. Hay muchas opciones para hacer bien las cosas de manera a economizar, tener calidad de vida y ayudar al medio ambiente; solo hay que ponerse las pilas en difundir lo bueno que puede ser la arquitectura sostenible", concluyó.