Las inundaciones constituyen uno de los desafíos para el crecimiento urbano y el desarrollo inmobiliario, especialmente en ciudades y territorios próximos a ríos, arroyos o áreas de drenaje natural. Frente a este escenario, los arquitectos Paola Arias y Jorge Bosch coinciden en que el agua debe ser considerada desde el inicio de cualquier proyecto.
Para Arias, el primer paso consiste en “leer el territorio”, lo que implica analizar la topografía, las cotas, las pendientes, la circulación natural del agua, la capacidad de drenaje del suelo y la infraestructura disponible.
Su planteamiento parte de tres preguntas: dónde construir, qué construir y cómo hacerlo. Antes de definir cuánto puede edificarse, considera necesario determinar qué capacidad tiene el territorio para soportar esa intervención.
Bosch coincide con esta visión preventiva, aunque parte de una premisa más directa: “Realmente nunca se debe construir en zonas inundables”. El arquitecto señala que Paraguay dispone de registros históricos de las crecidas de sus principales ríos, información que permite conocer los niveles máximos alcanzados por el agua y establecer parámetros de seguridad.
En Asunción, menciona como referencia la cota 64, aunque advierte que también deben contemplarse eventos extraordinarios que pueden superar los niveles habituales.
Elevar, pero con planificación
Cuando no es posible evitar una zona expuesta, elevar el terreno o la construcción puede convertirse en una alternativa. Bosch considera que una de las soluciones más efectivas es elevar el nivel del terreno mediante relleno hasta alcanzar una cota segura.
También existen alternativas como pilotes o palafitos, aunque el arquitecto advierte que estas soluciones pueden generar dificultades de acceso cuando el entorno queda completamente inundado.
Arias coincide en que elevar una vivienda puede ser parte de la solución, pero advierte que no existe una fórmula única. Antes deben estudiarse las características del terreno, los accesos, el drenaje y el impacto que una intervención puede generar sobre las propiedades vecinas.
“Podemos resolver una vivienda elevándola y, al mismo tiempo, hacer que el agua termine afectando al vecino”, advierte.
Construir pensando en el agua
Cuando el riesgo no puede eliminarse completamente, Bosch plantea diseñar las áreas inferiores para reducir las pérdidas. Una posibilidad es ubicar en la planta baja pocos elementos sensibles al agua y trasladar las áreas habitables e instalaciones principales a niveles superiores.
Entre sus recomendaciones destaca evitar instalaciones eléctricas en las zonas que podrían inundarse y ubicarlas, como mínimo, un metro por encima de la cota máxima prevista.
La fundación también requiere un análisis especializado. Bosch recomienda consultar a un ingeniero de suelos para determinar el tipo, profundidad y dimensiones de la cimentación. En términos generales, menciona el hormigón armado como una alternativa, aunque recalca que cada terreno requiere una evaluación específica.
Materiales y drenaje
En cuanto a los materiales, Bosch recomienda evitar la madera en las zonas inferiores expuestas al agua y priorizar soluciones resistentes a la humedad. Arias agrega que el desempeño no depende únicamente del material, sino también de la correcta ejecución de juntas, sellados, impermeabilizaciones y encuentros.
El drenaje constituye otro componente fundamental. Arias sostiene que debe planificarse desde el diseño y no incorporarse posteriormente. Comprender por dónde circula naturalmente el agua permite definir dónde infiltrar, retener o conducir los excedentes.
En este punto, la arquitecta también destaca el valor de conservar superficies permeables. El suelo que absorbe agua funciona como una infraestructura natural y su pérdida aumenta el volumen que debe ser conducido hacia otros sectores.
Una mirada que debe trascender la vivienda
Para ambos profesionales, la prevención frente a las inundaciones requiere pasar de una lógica de reacción a una de planificación. No se trata solamente de construir una vivienda más resistente, sino de comprender cómo cada intervención modifica el comportamiento del agua en su entorno.
La arquitectura resiliente, en este sentido, implica decidir correctamente dónde construir, qué construir y cómo hacerlo, incorporando desde el inicio información sobre cotas, suelo, drenaje, infraestructura y riesgos.
El objetivo final no es solamente lograr que una edificación resista cuando llega el agua, sino desarrollar viviendas y ciudades capaces de adaptarse a las características naturales del territorio y reducir los riesgos antes de que ocurra la próxima inundación.