El seguro empieza a ser visto con otros ojos después del temporal del 3 de octubre. La magnitud de los daños, especialmente en vehículos, viviendas y comercios, llevó a muchas personas que debieron afrontar reparaciones con recursos propios a replantearse el valor de contar con una cobertura.
Para Lorena Solís, vicepresidenta de la Asociación de Agentes de Seguros del Paraguay (AASP) y agente con 23 años de experiencia, el episodio marcó un antes y un después en la percepción del consumidor.
“Hoy vemos el seguro desde otro ángulo, como lo que es: una protección y una herramienta financiera que puede ayudarnos a enfrentar este tipo de situaciones”, sostuvo en entrevista con InfoNegocios.
La explicación tiene un componente muy concreto: cuando ocurre un imprevisto de gran magnitud, el gasto aparece de inmediato y generalmente no admite demasiadas opciones de financiamiento. Reparar un vehículo, reemplazar un repuesto, reparar el techo de una vivienda o recuperar un comercio afectado puede representar un desembolso capaz de alterar todo el presupuesto mensual.
“Cuando estamos limitados en la disponibilidad, en el recurso, es cuando el seguro más todavía cumple su función de respaldo y protección”, señaló Solís.
El seguro de automóviles continúa siendo el principal componente del mercado. Según datos de la Superintendencia de Seguros del Banco Central del Paraguay, correspondientes a la composición de las primas por modalidades de 2025, los seguros de automóviles representaron el 41% del total.
Los datos de 2025 muestran luego a Vida, con el 17%; Riesgos Varios, con el 11%; Incendios, con el 7%; Accidentes Personales y Riesgos Técnicos, con el 5% cada uno; y Transportes, con el 4%. También aparecen Caución y Responsabilidad Civil, con el 3% cada uno, mientras que Robo y Asalto representa el 2%. Agropecuarios y Aeronavegación alcanzan el 1% cada uno.
Estos datos sirven como referencia de la estructura del mercado, pero todavía no reflejan el impacto del temporal de octubre de 2026. Para medir cuánto crecieron las contrataciones a partir del evento, habrá que esperar el cierre del mes y los reportes que las compañías presentan a la Superintendencia de Seguros.
Solís explicó que recién con esa información será posible conocer el crecimiento en cantidad y porcentaje. Los datos correspondientes a octubre podrían estar disponibles públicamente hacia la quincena de noviembre.
La experiencia reciente también puso en primer plano las coberturas vinculadas a fenómenos atmosféricos. En el caso de los seguros de incendio, por ejemplo, las pólizas pueden contemplar —según las condiciones contratadas— riesgos como incendio, rayo, explosión y determinados eventos atmosféricos.
Esto adquiere especial relevancia ante un escenario de tormentas, vientos fuertes y lluvias intensas. Solís remarcó que las personas y empresas deben analizar qué riesgos están efectivamente contemplados en cada póliza, ya que no todo es asegurable y las coberturas pueden variar entre compañías.
“Por eso tenemos que leer la póliza”, enfatizó, al señalar que las condiciones particulares de cada contrato determinan finalmente qué está cubierto y cuáles son sus limitaciones.
El temporal del 3 de octubre también dejó un antecedente poco habitual para el sector. Solís, que lleva más de dos décadas trabajando en seguros, señaló que no había experimentado en los últimos 30 años un evento de características similares, tanto por el tamaño del granizo como por la cantidad de vehículos afectados simultáneamente.
Las compañías llegaron a recibir una cantidad de reclamos que saturó su capacidad operativa. Además, los daños no se limitaron a parabrisas y vidrios: también alcanzaron la chapa y otras partes exteriores de los vehículos, elevando el costo de reparación.
El desafío ahora pasa por transformar esa experiencia en una mayor cultura aseguradora. Paraguay cuenta actualmente con 36 empresas aseguradoras, según Solís, en un mercado que todavía considera pequeño en términos de consumo y penetración.
Para la representante de la AASP, los consumidores están llegando con preguntas más específicas y con mayor intención de prevenir. Ya no se trata únicamente de contratar una póliza, sino de entender si cubre determinados daños, accidentes o fenómenos climáticos.
En ese proceso, el agente de seguros cumple un papel central para explicar los aspectos técnicos de una póliza y ayudar al cliente a comprender su alcance.
“Un seguro bien contratado es la mejor y mayor protección que podemos tener”, resumió Solís, en un escenario en el que el clima está obligando a mirar con más atención cuánto puede costar no estar preparado.