La nueva edición de Panini se convirtió en la más grande de la historia. El torneo cuenta con 48 selecciones y el álbum necesita unas 980 figuritas para completarse, muy por encima de las ediciones anteriores. Ese crecimiento disparó automáticamente el gasto de los coleccionistas, que ahora deben comprar más sobres y enfrentan mayores probabilidades de obtener estampas repetidas.
En varios países latinoamericanos, el precio de los sobres aumentó de manera considerable respecto al Mundial de Qatar 2022. En Argentina, por ejemplo, algunos análisis estimaron que el valor de los paquetes se multiplicó hasta trece veces en apenas cuatro años, impulsado principalmente por la inflación acumulada y la devaluación de la moneda local.
Aun así, especialistas y medios regionales señalaron que el llamado “Índice Panini” mostró un fenómeno particular este año: en ciertos países, el precio del álbum creció menos que la inflación general. Eso significa que, aunque las figuritas resultan más caras en términos nominales, otros productos cotidianos aumentaron todavía más rápido.
La fiebre mundialista no perdió fuerza pese al golpe al bolsillo. En plazas, colegios y redes sociales reaparecieron los grupos de intercambio de figuritas, mientras miles de personas buscaron reducir costos cambiando repetidas en vez de comprar sobres nuevos. El ritual de abrir paquetes y completar páginas mantuvo intacto su atractivo entre chicos y adultos.
El fenómeno también impulsó un mercado paralelo de coleccionismo y reventa. Algunas figuritas especiales comenzaron a venderse por cifras muy superiores a su valor original, especialmente las versiones holográficas o limitadas de jugadores reconocidos. En Colombia, por ejemplo, una lámina especial de Luis Díaz alcanzó precios cercanos al millón de pesos colombianos.
En redes sociales, muchos usuarios cuestionaron que una tradición históricamente popular se vuelva cada vez más inaccesible. Algunos fanáticos sostuvieron que completar el álbum ya exige presupuestos imposibles para gran parte de la población latinoamericana, sobre todo en economías golpeadas por la inflación.
Pese a las críticas, Panini continúa sosteniendo uno de los negocios más exitosos ligados al fútbol. La compañía distribuye sus álbumes en más de 130 países y cada Mundial reactiva una costumbre que atraviesa generaciones. Para millones de personas, llenar el álbum sigue representando mucho más que pegar figuritas: simboliza nostalgia, pertenencia y pasión por el deporte.
Con el lanzamiento del álbum del Mundial 2026, comerciantes y distribuidores de distintos países latinoamericanos reportaron un fuerte aumento en la demanda de sobres y figuritas durante las primeras semanas de venta. Mientras tanto, consumidores y especialistas económicos continuaron comparando el costo de completar la colección con los niveles de inflación y el poder adquisitivo en cada país de la región.