El organismo implementó por primera vez un sistema de precios dinámicos para la venta de boletos. Este mecanismo ajusta los valores en tiempo real según la demanda y provocó aumentos significativos durante las distintas etapas de comercialización. Como resultado, las entradas para algunos partidos alcanzaron cifras que pocos aficionados pueden pagar.
Cuando comenzó la venta de boletos, una entrada de Categoría 1 para la fase de grupos costaba alrededor de US$ 600. Meses después, muchos de esos mismos boletos superaron los US$ 1.000. La situación se volvió aún más extrema para los encuentros más atractivos. Actualmente, las entradas de Categoría 1 para el partido inaugural en Ciudad de México superan los US$ 2.500, mientras que las de la final llegaron a sobrepasar los US$ 32.000.
La fuerte demanda explica parte de este fenómeno. Más de 500 millones de solicitudes compitieron por apenas 7,1 millones de asientos disponibles. Este desequilibrio otorgó a la FIFA una enorme capacidad para fijar precios y maximizar sus ingresos. Aunque la organización ofreció una cantidad limitada de boletos populares a través de las federaciones nacionales, la medida apenas alivió las críticas de los aficionados.
Los analistas estiman que la FIFA podría recaudar entre US$ 7.400 y US$ 9.000 millones solo por venta de entradas y servicios de hospitalidad. Esta cifra duplicaría ampliamente las previsiones iniciales del organismo y convertiría a los boletos en una de las principales fuentes de ingresos del torneo.
La FIFA funciona como una organización sin fines de lucro con sede en Suiza y financia gran parte de sus actividades mediante los recursos que genera cada Copa del Mundo. Durante el ciclo correspondiente al Mundial de Qatar 2022, la entidad obtuvo ingresos por US$ 7.570 millones, impulsados principalmente por los derechos de transmisión, el marketing y la venta de entradas.
Para el ciclo 2023-2026, la organización elevó su previsión de ingresos hasta los US$ 13.000 millones. Sin embargo, algunos especialistas consideran que la cifra final podría ubicarse entre US$ 14.000 y US$ 19.000 millones debido al extraordinario rendimiento de la comercialización de boletos.
La evolución financiera de la FIFA refleja el crecimiento comercial del torneo. Mientras el Mundial de Estados Unidos 1994 generó alrededor de US$ 700 millones en ganancias netas, la competición actual mueve cifras varias veces superiores gracias a los contratos televisivos globales, los patrocinadores internacionales y una demanda cada vez mayor por asistir a los partidos.
No obstante, el aumento de los ingresos también abrió interrogantes sobre el destino de esos recursos. Aunque la FIFA sostiene que utiliza el dinero para desarrollar el fútbol en todo el mundo, los presupuestos recientes muestran que el gasto destinado a competiciones creció mucho más rápido que las inversiones en programas de desarrollo.
Los críticos cuestionan además la acumulación de reservas multimillonarias por parte del organismo y reclaman una mayor transparencia en el uso de los fondos. Las dudas cobran relevancia debido a los antecedentes de corrupción, sobornos y problemas de gobernanza que marcaron a la institución durante las últimas décadas.