La vainilla tiene un aroma capaz de despertar el apetito y anticipar algo delicioso. Sin embargo, si al probarla el sabor decepciona, la primera impresión pierde su encanto. En el mundo de las marcas ocurre algo parecido: una identidad visual atractiva y una campaña publicitaria memorable pueden captar la atención, pero no garantizan que el consumidor tenga una buena experiencia.
Esa es la idea detrás del llamado “efecto de la esencia de vainilla”, un concepto que invita a las empresas a mirar más allá de lo que muestran y revisar lo que realmente ofrecen. Para Nadine, el desafío está en conseguir que exista coherencia entre lo que una marca promete, lo que comunica y lo que finalmente entrega.
En un mercado donde las empresas compiten por captar la atención de un público cada vez más expuesto a mensajes publicitarios, diferenciarse ya no pasa solamente por tener un producto atractivo o una campaña ingeniosa. La experiencia también juega un papel fundamental.
Nadine explicó cómo se consigue que una marca permanezca en la memoria de los consumidores “Lo que te hace sentir, lo que representa y cómo te trata”, señaló. Los productos pueden copiarse y los precios pueden igualarse, pero construir una conexión genuina requiere algo más: una identidad reconocible y una experiencia capaz de generar satisfacción.
Dejar de parecerse a los demás
Uno de los desafíos para las marcas es encontrar una voz propia en medio de mensajes que muchas veces terminan pareciéndose entre sí. Para Nadine, el primer paso es dejar de mirar constantemente a la competencia y empezar por entender qué representa realmente cada empresa, qué valor aporta y por qué alguien debería elegirla.
La diferenciación, explicó, no se resuelve únicamente con un eslogan ingenioso o un color distinto. Necesita una personalidad, una mirada y una propuesta de valor que puedan mantenerse en el tiempo. Cambiar el discurso con cada tendencia puede dar visibilidad momentánea, pero también diluir aquello que hace única a una marca.
En ese proceso, las agencias publicitarias tienen la tarea de descubrir aspectos que las propias empresas no siempre reconocen como fortalezas. Esto implica escuchar, hacer preguntas y conocer el negocio más allá de lo que figura en un brief, desde la cultura de la organización hasta la relación con sus clientes.
“Una campaña puede ser muy linda, pero si no tiene algo verdadero detrás, es solo decoración”, afirmó Nadine. Encontrar esa verdad y transformarla en una idea creativa y relevante es parte del trabajo estratégico.
Más que likes y visualizaciones
El desafío tampoco termina cuando una campaña sale al aire o se publica en redes sociales. Para saber si realmente funcionó, las marcas deben mirar más allá de las visualizaciones y las interacciones.
Según el objetivo planteado, los resultados pueden reflejarse en un mayor reconocimiento, un cambio en la percepción del público, nuevas consultas, un incremento de las ventas o una relación más sólida con los clientes. Escuchar qué recuerdan las personas y observar cómo actúan después de ver una campaña también aporta información valiosa.
Pereyra advirtió, además, sobre el riesgo de perseguir tendencias sin una estrategia clara. Adaptarse a los nuevos formatos puede ser positivo, pero imitar todo lo que funciona para otros termina haciendo que una marca pierda su propia voz.
La clave, sostiene, es aprovechar las tendencias sin abandonar la identidad. Porque captar la atención puede ser el primer paso, pero construir una relación duradera exige consistencia.
Al final, el efecto de la esencia de vainilla plantea una pregunta para cualquier empresa: ¿la experiencia que ofrece está a la altura de la imagen que proyecta? La respuesta puede marcar la diferencia entre una marca que simplemente se ve bien y otra que el consumidor recuerda por lo que le hizo sentir.