“La inteligencia artificial está agilizando muchas etapas del trabajo: nos permite investigar, analizar información, explorar alternativas y producir con mayor rapidez”, explicó. Pero advirtió que la velocidad por sí sola no garantiza una mejor comunicación. “Trabajar más rápido no necesariamente significa comunicar mejor”, sostuvo.
En este nuevo escenario, el criterio adquiere un papel central. La multiplicación de herramientas, datos y alternativas obliga a los equipos a seleccionar, interpretar y encontrar sentido a la información antes de convertirla en una estrategia para las marcas.
Nuevos procesos y perfiles
La incorporación de inteligencia artificial también está generando cambios dentro de las agencias, tanto en sus procesos como en los perfiles profesionales. Según Izaguirre, determinadas tareas operativas pueden ser simplificadas o incluso asumidas por la tecnología, permitiendo que los equipos concentren más tiempo en comprender los negocios, desarrollar estrategias y generar ideas.
El desafío, sin embargo, consiste en integrar estas herramientas con una intención clara y sin perder la perspectiva humana. Para la profesional, entender los contextos, las emociones y las particularidades de cada marca continúa siendo fundamental para construir una comunicación relevante.
Esta transformación forma parte de un proceso que Ojo de Pez viene atravesando desde hace más de dos décadas. Durante ese período, la agencia fue testigo de un cambio profundo en la relación entre las marcas y las personas: de una comunicación principalmente vinculada a medios tradicionales a un ecosistema amplio, inmediato y participativo.
La evolución implicó incorporar nuevas especialidades, herramientas y metodologías, integrando estrategia, creatividad, medios, tecnología y conocimiento del mercado. Para Izaguirre, la capacidad de adaptación estuvo acompañada por una cultura de aprendizaje constante y por la disposición a revisar permanentemente las formas de trabajo.
A pesar de los cambios tecnológicos y culturales, existe un principio que permanece: comprender antes de comunicar. “Podemos cambiar las plataformas y los procesos, pero nuestra mirada sigue enfocada en descubrir qué necesita cada marca y cómo podemos ayudarla a conectar de una manera relevante”, señaló.
Más opciones también significan más decisiones
En un mercado donde las marcas tienen acceso a múltiples canales, grandes volúmenes de información y herramientas capaces de producir contenidos en poco tiempo, elegir qué hacer se vuelve tan importante como tener la capacidad de hacerlo.
Izaguirre considera que las primeras decisiones deben partir de objetivos claros: qué quiere lograr la marca, con quién necesita conectar y qué valor busca aportar. A partir de allí, se define dónde estar, qué comunicar, qué herramientas utilizar y cómo medir los resultados.
También plantea la necesidad de evaluar las tendencias antes de incorporarlas. En un entorno acelerado, intentar estar presente en todo puede alejar a una marca de su identidad. Por eso, la coherencia y la relevancia adquieren mayor peso frente a la necesidad de seguir cada novedad.
El futuro de las agencias
De cara a los próximos cinco años, Izaguirre imagina agencias más estratégicas, flexibles y multidisciplinarias, con la tecnología integrada de manera transversal en las tareas cotidianas.
La inteligencia artificial permitirá optimizar procesos y ampliar capacidades, pero, al mismo tiempo, hará que el pensamiento crítico, la creatividad, la sensibilidad y el conocimiento del negocio cobren todavía más importancia.
En este escenario, el papel de las agencias podría trascender la producción de comunicación para convertirse en un acompañamiento más estratégico de las marcas. Integrar información, especialidades y diferentes puntos de vista será clave para identificar oportunidades y transformarlas en acciones.
La tecnología continuará evolucionando, pero el desafío seguirá siendo el mismo: utilizarla con criterio para conectar a las marcas, de manera relevante, con las personas.