Más prevención, menos infecciones: por qué la higiene sigue siendo fundamental en 2026

(Por ML) El lavado de manos, la correcta manipulación de alimentos, la ventilación de los espacios y hasta el uso individual de la bombilla para el mate o el tereré forman parte de hábitos cotidianos que pueden tener un impacto significativo en la prevención de enfermedades. En el marco del Día Mundial de la Higiene, que se conmemora cada 3 de septiembre, especialistas destacan que estas prácticas continúan siendo herramientas efectivas y accesibles para proteger la salud individual y colectiva.

El infectólogo Dr. Hernán Rodríguez sostiene que hablar de higiene sigue siendo fundamental en 2026, especialmente frente a uno de los desafíos actuales de la salud pública: la resistencia de los microorganismos a los antimicrobianos.

“La higiene fue demostrando a lo largo del tiempo y en diversas situaciones que constituye la intervención de salud pública más costo-efectiva de la historia”, señaló. En ese sentido, explicó que prevenir una infección mediante hábitos adecuados también permite reducir la necesidad de utilizar antimicrobianos, contribuyendo indirectamente a enfrentar el problema de la resistencia antimicrobiana.

Las manos, una vía de transmisión

Entre las medidas más sencillas y efectivas se encuentra el lavado de manos. Según Rodríguez, las manos están permanentemente en contacto tanto con el propio cuerpo como con el entorno, por lo que pueden transportar microorganismos capaces de ingresar al organismo a través de la boca, las fosas nasales, la conjuntiva ocular o determinadas heridas.

“Entonces, el lavado de manos impediría que se produzca ese proceso”, explicó.

Las enfermedades infecciosas que afectan principalmente al aparato digestivo, al respiratorio y a la piel se encuentran entre aquellas que pueden prevenirse o reducirse mediante hábitos básicos de higiene.

Sin embargo, el especialista advierte que no basta simplemente con lavarse las manos: también es importante hacerlo con la frecuencia y durante el tiempo adecuados, sin olvidar determinadas zonas del cuerpo.

Los errores cotidianos también cuentan

Entre los errores más frecuentes relacionados con la higiene, Rodríguez menciona dedicar un tiempo o una frecuencia insuficientes a estas prácticas, no higienizar correctamente determinadas partes del cuerpo, compartir elementos que deberían ser de uso personal y recurrir a productos de desinfección sin realizar previamente una limpieza.

La diferencia entre limpiar y desinfectar es particularmente importante. La limpieza permite retirar suciedad y materia orgánica, mientras que la desinfección busca reducir o eliminar microorganismos presentes en una superficie. Por ello, una práctica no necesariamente sustituye a la otra.

La pandemia dejó algunos hábitos

La experiencia de la pandemia de COVID-19 también modificó algunas conductas relacionadas con la higiene. Para Rodríguez, varios de estos hábitos se mantienen actualmente, entre ellos el lavado de manos, el uso rutinario de productos desinfectantes y la denominada “etiqueta de la tos”, que busca reducir la dispersión de secreciones respiratorias.

El desafío, según el especialista, es que estas prácticas no queden asociadas exclusivamente a momentos de emergencia sanitaria, sino que se incorporen como parte de la vida cotidiana.

Higiene también es salud en el trabajo

El impacto de estos hábitos trasciende el ámbito doméstico y se extiende también a escuelas y lugares de trabajo. Las enfermedades respiratorias y digestivas representan importantes causas de ausentismo, por lo que las medidas preventivas pueden tener un impacto tanto sanitario como económico.

“Está demostrado que los hábitos de higiene reducen notablemente la incidencia de dichas enfermedades”, afirmó Rodríguez.

En oficinas y espacios públicos, el especialista recomienda fomentar la limpieza, la desinfección, la desinsectación y la ventilación, además de garantizar la disponibilidad de agua y de los productos necesarios para mantener condiciones adecuadas de higiene.

De esta manera, la higiene deja de ser solamente una cuestión individual para convertirse también en una herramienta de prevención dentro de las organizaciones y comunidades.

Del hogar a la mesa

La higiene también tiene un papel central en la seguridad alimentaria. La manipulación, la preparación y la conservación inadecuadas de los alimentos pueden favorecer la contaminación con microorganismos patógenos o toxinas y derivar en enfermedades.

Por ello, mantener las manos y las superficies limpias, evitar la contaminación cruzada y conservar correctamente los alimentos son medidas esenciales para reducir riesgos.

Costumbres paraguayas bajo la lupa

Uno de los puntos particulares señalados por Rodríguez tiene que ver con prácticas culturales muy arraigadas en Paraguay. El especialista menciona como ejemplos compartir la bombilla al tomar mate o tereré y saludar mediante un apretón de manos, prácticas que pueden facilitar la transmisión de microorganismos.

En este contexto, plantea continuar promoviendo el uso de bombilla individual, así como reforzar la importancia del lavado correcto de manos, incluso cuando aparentemente no estén sucias.

“Debemos lavarnos las manos aunque no las veamos sucias”, remarcó.

Una inversión de bajo costo y alto impacto

El Día Mundial de la Higiene pone nuevamente sobre la mesa una idea sencilla: muchas de las herramientas para prevenir enfermedades están al alcance de todos y no necesariamente requieren grandes inversiones.

Para Rodríguez, pequeños cambios en las rutinas pueden generar beneficios colectivos. “Incorporando pequeños hábitos saludables logramos grandes beneficios para nuestra salud y la salud de todos”, concluyó.

En un escenario en el que la prevención, la resistencia antimicrobiana y la salud pública adquieren cada vez mayor relevancia, la higiene continúa siendo una de las primeras barreras para evitar enfermedades y una responsabilidad que comienza con acciones tan simples como lavarse correctamente las manos.

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