El incremento de la influencia china en Sudamérica es una realidad que trae beneficios para algunos países y, para otros, arroja resultados cuestionables. Anualmente, China invierte US$ 15 mil millones en Latinoamérica, siendo Sudamérica su principal receptor.
La inversión se concentra en Perú, Brasil, Chile, Argentina y Bolivia, enfocada en sectores como el cobre, el litio, la soja y la energía. Perú cuenta con una inversión de US$ 3.540 millones en el Puerto de Chancay, además de una inversión de US$ 285 millones en el Puerto de Santos, en Brasil.
El economista jefe de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Julio Fernández, recordó que hace meses, en un informe técnico, señalaron que a nuestro país le conviene mantener la alianza con Taiwán y no abrir relaciones diplomáticas con China Continental. Agregó que un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China generaría, en el corto plazo, un redireccionamiento de exportaciones de soja y carne hacia el gigante asiático, sin un aumento significativo del valor agregado.
Sin embargo, en el mediano y largo plazo, el saldo neto sería desfavorable, con pérdida de empleos industriales, caída en la recaudación fiscal y un proceso de primarización productiva.
Actualmente, Paraguay mantiene una relación marcadamente asimétrica con China, que es el principal proveedor del país con US$ 5.000 millones en bienes, mientras que las exportaciones paraguayas hacia ese mercado no superan los US$ 30 millones. Fernández, en el informe, indica que el desequilibrio se profundizaría con un TLC.
El informe también sostiene que la apertura indiscriminada consolidaría un modelo extractivo, debilitando la industria nacional. Sectores como el textil, metalúrgico, del calzado y farmacéutico serían los más expuestos, replicando experiencias de Brasil, Argentina, Chile y Perú, donde la apertura comercial con China provocó cierres masivos de fábricas.