Paraguay–Pakistán: entre el negocio del aceite y la fiebre por la Trionda mundialista

(Por NL) La fiebre por el Mundial empieza a sentirse también en el comercio entre Paraguay y Pakistán, impulsada por la demanda de la pelota oficial Trionda, uno de los productos que hoy gana protagonismo en el mercado local. Detrás de ese flujo más visible para el consumidor, se mantiene el vínculo comercial tradicional entre ambos países, dominado por el aceite de soja, un commodity esencial dentro del intercambio bilateral.

Según datos del Banco Central del Paraguay (BCP), el aceite de soja explica la mayor parte de las exportaciones paraguayas hacia Pakistán. Sin embargo, en los últimos meses ese destino perdió participación relativa, en un contexto en el que la demanda asiática —especialmente de India— redirige los envíos hacia mercados más competitivos en precio.

Desde la Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex), el director de Inteligencia de Negocios, Nikolaus Osiw, explicó a InfoNegocios que este comportamiento responde a la naturaleza del producto. “El aceite de soja es un commodity que puede cambiar rápidamente de destino dependiendo de las condiciones del mercado”, señaló.

En esa línea, detalló que el comercio se mueve principalmente por contratos a futuro, lo que hace que los volúmenes se asignen con meses de anticipación hacia los compradores que ofrecen mejores condiciones. Así, aunque Paraguay mantenga niveles sólidos de exportación, los envíos a Pakistán pueden variar sin que eso implique una caída estructural del vínculo.

India, en este escenario, continúa absorbiendo grandes volúmenes, reduciendo el margen disponible para otros destinos. A criterio de Osiw, no se trata de un problema logístico ni de accesibilidad, sino de competencia pura entre grandes mercados y de la dinámica global de precios.

El dato clave es que, al tratarse de un producto básico, la demanda del aceite de soja se mantiene relativamente estable incluso en contextos internacionales complejos. Por eso, las fluctuaciones responden más a reacomodos comerciales que a crisis de fondo.

Pero, mientras el comercio de exportación sigue esta lógica fría y financiera, hay otro vínculo con Pakistán que empieza a tomar protagonismo desde el lado del consumo.

Del commodity a la cancha

En paralelo al negocio del aceite, Pakistán también aparece como origen de productos que hoy están en auge en Paraguay: artículos deportivos vinculados al Mundial. Es el caso de las nuevas pelotas oficiales comercializadas por Adidas, cuyo lugar de fabricación es la ciudad pakistaní Sialkot, que están teniendo una fuerte demanda en el mercado local.

“Estas pelotas se llaman Trionda y el lanzamiento fue global, en simultáneo con otros países”, explicó Rolando Benítez, director de marketing de Adidas en Paraguay. La campaña, incluso, tuvo un anclaje local con la imagen del futbolista Diego Gómez, buscando conectar con el público paraguayo.

El contexto juega a favor. La clasificación de Paraguay al Mundial reactivó el consumo vinculado al fútbol y generó un impacto directo en las ventas. “Es un impacto a nivel nacional”, resumió Benítez.

Según detalló, la demanda fue tan alta que la marca tuvo que reponer stock para poder sostener el ritmo de ventas de cara a la cita mundialista. “Tuvimos que hacer compras extras para satisfacer la demanda”, aseguró.

Un dato no menor: gran parte de esta línea de pelotas proviene justamente de Pakistán, país que históricamente es uno de los principales fabricantes globales de balones de fútbol.

Dos caras de un mismo socio comercial

Así, Pakistán aparece en la relación con Paraguay desde dos extremos de la cadena: como destino de exportación de commodities y como origen de productos manufacturados de consumo masivo.

En el primer caso, el vínculo está sujeto a la volatilidad de los precios internacionales y a la competencia entre grandes compradores. En el segundo, responde a factores más emocionales y coyunturales, como el Mundial y la pasión futbolera.

A pesar de las fluctuaciones, Pakistán se mantiene como un socio relevante dentro del mapa comercial paraguayo, especialmente por su necesidad estructural de importar aceites vegetales.

Desde una mirada estratégica, el caso vuelve a poner sobre la mesa la importancia de diversificar mercados y entender que el comercio internacional no es lineal: puede moverse entre contratos millonarios de commodities y decisiones de consumo impulsadas por eventos globales.

En ese cruce —entre el aceite que sale y la pelota que llega— se dibuja una postal bastante clara de cómo Paraguay se inserta hoy en la economía global.

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