La sandía paraguaya ya tiene una nueva ruta comercial. Una primera carga de 21.000 kilos partió con destino a Uruguay, marcando el estreno de este producto en ese mercado bajo un protocolo fitosanitario acordado entre ambos países. La producción proviene de 21 agricultores de la zona de Guajayvi, departamento de San Pedro, vinculados a la Cooperativa Agro Norte, que cultivaron una superficie total de 13,7 hectáreas.
La operación fue acompañada por técnicos del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), quienes realizaron los controles e inspecciones correspondientes para verificar el cumplimiento de las condiciones exigidas por Uruguay.
Para Carmen Berni, directora general técnica del Senave, aunque la carga se concretó ahora, el proceso comenzó mucho antes de la cosecha. “Hoy se concretó el envío, pero ese trabajo se viene haciendo desde hace tiempo”, explicó en entrevista con InfoNegocios, destacando que para acceder a un nuevo mercado es necesario trabajar desde el inicio del ciclo productivo.
El principal desafío fitosanitario estuvo relacionado con la mosca de la fruta, considerada una de las principales barreras para el comercio internacional de productos frescos debido a su capacidad de propagación.
Berni aclaró que la concreción de esta exportación no significa que la mosca de la fruta haya sido erradicada del territorio paraguayo. El objetivo del protocolo es diferente: minimizar el riesgo de que la plaga sea transportada en la fruta y llegue al territorio uruguayo.
Para ello, el Senave cuenta con un sistema de vigilancia y trampeo que se intensifica en las fincas que forman parte del programa de exportación. Las trampas permiten detectar la presencia de la plaga y, si se registra un caso en una finca incluida en el protocolo, el productor queda excluido del esquema de exportación.
“Un sistema sólido de vigilancia es lo que hace posible abrir y mantener los mercados de exportación”, sostuvo la funcionaria.
El protocolo establece, además, una serie de requisitos que deben cumplirse desde antes de la cosecha. Entre ellos figuran el registro de los productores, las fincas y la planta empacadora, que debe estar habilitada por el Senave.
Por eso, Berni remarcó que los procesos de exportación no pueden comenzar cuando el producto ya está listo para salir al mercado. La preparación debe iniciarse desde el comienzo del ciclo productivo, con el acompañamiento técnico correspondiente.
Una puerta que también sirve para otros productos
El acuerdo con Uruguay no se limita exclusivamente a la sandía. El protocolo contempla también otras cucurbitáceas, como zucchini, melón, calabacita y zapallo, lo que amplía el potencial de utilización de este esquema para futuros envíos.
La experiencia también pone en valor el trabajo asociativo. En este caso, la Cooperativa Agro Norte permitió articular el proceso con 21 productores, facilitando la coordinación de los controles y el cumplimiento de los requisitos establecidos.
La cooperativa, además, ya viene trabajando con otros rubros de exportación. Según Berni, también participa en el envío de pasta de ají a Estados Unidos, en una apuesta por diversificar la producción y generar oportunidades para la agricultura familiar campesina.
En este proceso intervienen diferentes instituciones y actores. Mientras el Ministerio de Agricultura y Ganadería, a través de sus dependencias técnicas, acompaña al productor durante el ciclo productivo, el Senave interviene en materia de vigilancia fitosanitaria, controles de calidad e inocuidad y certificación.
Más frutas en el radar
La apertura del mercado uruguayo para las cucurbitáceas se suma a otros trabajos que Paraguay mantiene para sostener y ampliar el acceso internacional de sus productos agrícolas. Berni mencionó entre los rubros con potencial la banana, la piña y la pitahaya, además de otros productos que buscan posicionarse en mercados externos.
También señaló que productos como el tomate y el pimiento cuentan con mercados abiertos desde el punto de vista fitosanitario. Sin embargo, explicó que una cosa es la apertura sanitaria y otra, la concreción comercial, ya que esta última depende de factores como los precios, la demanda y los acuerdos entre compradores y vendedores.
En cuanto a la nueva operación con Uruguay, todavía no se conoce el valor comercial definitivo de la carga, debido a que ese dato se determinará una vez completados los procesos aduaneros y comerciales.
La primera exportación de 21 toneladas funciona así como punto de partida. La expectativa es que el número de productores y la superficie cultivada puedan crecer en los próximos ciclos, siempre que se cumplan las condiciones del protocolo.
Más que un envío aislado, la operación representa la posibilidad de construir una nueva cadena exportadora para la sandía paraguaya, con productores organizados, vigilancia fitosanitaria y un mercado externo que acaba de abrir sus puertas.