“No somos pobrecitas; nos están despojando de nuestra cultura y de nuestras tierras”. La frase de la lideresa peruana Lourdes Huanca sintetizó uno de los principales reclamos de la VII Cumbre Internacional de Mujeres Indígenas de Abya Yala, que se desarrolla en Paraguay del 15 al 20 de octubre. El encuentro reunió a mujeres de nueve países para compartir experiencias, denunciar vulneraciones de derechos y construir una agenda común en defensa de los territorios y la vida.
Bajo el lema Ñandereko Arandu: Vivir desde la Sabiduría, la cumbre tuvo como anfitriona a la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas, junto con el Consejo de Gobernanza de la Coordinadora Indígena de Abya Yala. Según Alicia Amarilla, coordinadora nacional de Conamuri, se esperaba la participación de unas 350 mujeres, de las cuales entre 150 y 200 serían internacionales, en representación de aproximadamente 200 comunidades.
El encuentro formó parte de un proceso continental que comenzó en Bolivia en 2020 y continuó en Perú (2021), Guatemala (2022), México (2023), Colombia (2024) y Panamá (2025), antes de llegar a Paraguay en su séptima edición.
Uno de los principales ejes de la cumbre fue la defensa de los territorios indígenas y el acceso a los bienes naturales, en un contexto marcado por conflictos por la tierra, desalojos y dificultades para obtener títulos de propiedad. La agenda también incluyó debates sobre racismo estructural, violencia contra mujeres y niñas indígenas, cambio climático, migración, educación intercultural y comunicación.
Amarilla describió un panorama complejo para las comunidades indígenas paraguayas, especialmente en materia de acceso a la educación, la salud y las oportunidades económicas. Según señaló, las mujeres del país enfrentan limitaciones para acceder a estudios superiores y programas de formación, una situación que contrasta con experiencias de otros pueblos de la región que administran servicios turísticos y generan ingresos propios desde sus territorios.
“Necesitamos un acompañamiento de cerca desde el Estado, no solamente asistencialismo”, sostuvo la dirigente en entrevista con InfoNegocios. La entrega periódica de mercaderías no constituye una política de desarrollo si no está acompañada de programas que garanticen derechos, formación, servicios básicos y alternativas para mejorar las condiciones de vida.
La falta de títulos de propiedad y los desalojos mantienen a numerosas comunidades en una situación de incertidumbre, mientras persisten las dificultades para acceder a una vida digna. Por eso, Amarilla destacó el valor del intercambio con organizaciones de otros países para conocer experiencias que puedan contribuir a impulsar cambios en Paraguay.
La soberanía alimentaria también ocupó un lugar central en la agenda. Las participantes abordaron la protección de las semillas, la recuperación de los conocimientos ancestrales y las prácticas alimentarias de los pueblos indígenas, además de la espiritualidad y las formas comunitarias de organización.
La cumbre incorporó espacios para las nuevas generaciones, entre ellos la Asamblea de Jóvenes de Abya Yala, realizada el 18 de octubre, destinada a fortalecer el liderazgo juvenil y el intercambio entre generaciones. También contó con un espacio de cuidados para niños y niñas, una iniciativa que buscó facilitar la participación de las mujeres que asistieron con sus hijos.
La programación incluyó actividades culturales, presentaciones artísticas y una feria de artesanías indígenas, con el objetivo de visibilizar los saberes, la creatividad y el trabajo de las comunidades originarias.
El documento base del encuentro denunció la persistencia del racismo, el machismo estructural y la criminalización de quienes defienden sus territorios. Entre los casos expuestos figuró la situación de mujeres indígenas de Guatemala que enfrentan procesos judiciales por su labor en defensa de la tierra y los bienes naturales.
En ese escenario, Huanca llamó a las participantes a continuar organizándose y a ejercer sus liderazgos con firmeza para defender los derechos colectivos. La cumbre buscó convertir esas experiencias en propuestas compartidas y fortalecer las redes entre organizaciones de América Latina y Estados Unidos.
Como cierre, estuvo prevista la lectura de un manifiesto final que recogería las reflexiones, demandas y propuestas surgidas durante las jornadas, con el propósito de consolidar una agenda común para las mujeres indígenas y sus pueblos.
La realización de esta edición en Paraguay dejó en primer plano una discusión que trasciende el encuentro: cómo pasar de la asistencia puntual a políticas sostenidas que garanticen acceso a derechos, autonomía económica y protección territorial. Para las organizaciones participantes, fortalecer la articulación entre mujeres indígenas constituye una herramienta para defender sus culturas, preservar sus conocimientos y construir condiciones de vida dignas para las generaciones presentes y futuras.