Durante años, la innovación en el agro estuvo concentrada en producir más y mejor. Invernaderos, sensores, riego, manejo climático, genética y procesos más eficientes permitieron que muchos productores elevaran sus rendimientos. Sin embargo, para Daniel Stanca, fundador y CEO de Froniva, hay una parte del negocio que todavía sigue funcionando con herramientas muy básicas: la venta.
“Cada productor tiene dos negocios: uno es producir y el otro es vender lo que produce. En producción se avanzó muchísimo, pero en la venta casi nada cambió”, afirmó Stanca en entrevista con InfoNegocios. Desde esa mirada nació Froniva, una startup suiza con raíces paraguayas que busca aplicar inteligencia artificial al costado comercial de la producción frutihortícola.
La solución germinó en Nueva Italia, dentro del ecosistema de HidroBio Paraguay, donde la tecnología comenzó a probarse en condiciones reales. Allí, el desafío no era producir tomate, locote u otras hortalizas con mayor eficiencia, sino responder una pregunta clave: cómo lograr que esa producción llegue al mercado con un mejor precio, menor pérdida y más control para el productor.
Stanca explicó que muchos agricultores trabajan durante años para mejorar sus rendimientos, pero al momento de vender se encuentran con un mercado donde el comprador suele tener más información, más poder de negociación y mayor inteligencia de precios. “Te peleás para sacar un kilo más de tomate, invertís en tecnología y procesos, pero después llega el momento de vender y muchas veces se tira todo a un precio básico al mayorista. Ahí se pierde gran parte del valor creado en la producción”, señaló.
Froniva opera como una capa de decisión comercial basada en IA para frutas y hortalizas. La plataforma analiza precios de góndola y mayoristas en tiempo real, cruza esa información con el historial de ventas del productor y recomienda a qué comprador vender, a qué precio, por qué canal y en qué volumen. Además, incorpora un agente de IA que cotiza, confirma pedidos, asigna stock y registra operaciones por WhatsApp, correo electrónico y sistemas ERP.
El uso de WhatsApp no es un detalle menor. Según Stanca, en Paraguay gran parte de las operaciones comerciales del rubro frutihortícola se realiza por esa vía. Por eso, el primer paso fue automatizar la atención al cliente con un agente de IA llamado Luciana, que hoy permite responder consultas, confirmar pedidos y liberar tiempo del equipo humano para enfocarse en relaciones comerciales más estratégicas.
“El 70% del esfuerzo comercial se gasta en administración. La gente pasa el día confirmando pedidos, persiguiendo pagos y actualizando sistemas, en vez de desarrollar clientes”, sostuvo el CEO de Froniva. Con esa premisa, la herramienta busca que el equipo comercial deje de limitarse a tomar pedidos y pase a trabajar en el crecimiento del negocio.
Los primeros números muestran que la propuesta ya superó la etapa de prototipo. Según datos de la compañía, Froniva está en producción desde diciembre de 2025 en HidroBio Paraguay, donde ya gestionó más de 2.000 pedidos vendidos de forma autónoma, superó los US$ 300.000 en valor transado, trabaja con más de 60 cuentas B2B y cuenta con más de 6.500 pruebas automatizadas. La empresa estima que entre el 8% y el 22% del margen semanal puede depender de las decisiones comerciales.
El caso del tomate en Paraguay ayuda a dimensionar el problema. Durante la crisis de 2024, productores llegaron a recibir cerca de G. 1.500 por kilo, mientras que en góndola el consumidor pagaba varias veces más. Para Stanca, esa diferencia evidencia una brecha que no se explica solo por la logística, sino también por la falta de información y herramientas del lado del productor.
“El supermercado tiene equipos que estudian precios todos los días. El productor normalmente no puede invertir en un equipo de inteligencia comercial para saber a cuánto vender y a quién vender”, remarcó.
Ahora Froniva busca llevar esa experiencia a Europa. La startup fue seleccionada por la aceleradora austríaca Hummelnest, que la conectará con productores, potenciales clientes e inversionistas. La meta es validar pruebas pagadas con empresas agrícolas europeas y demostrar que el problema observado en Paraguay también se repite en mercados más desarrollados, donde pocas cadenas concentran gran parte del comercio minorista.
Stanca explicó que la empresa se constituyó en Suiza porque ese mercado ofrece un mayor acceso global, pero remarcó que el origen de la tecnología está en Paraguay. “HidroBio es el laboratorio de Froniva. Es lo que hace que esto esté conectado a la realidad y no sea una idea imaginada. Ya resuelve problemas reales y ahora queremos llevarlo al mundo”, afirmó.
Para el ecosistema local, el caso tiene un valor especial: una solución nacida de una necesidad concreta del agro paraguayo empieza a proyectarse como una herramienta global. En un mercado donde producir bien ya no alcanza, Froniva quiere ayudar a que el productor capture más valor entre la cosecha y la góndola.
Como resume Stanca, el futuro de la agricultura no dependerá solamente de producir mejor, sino también de vender con más inteligencia.
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