Paraguay también suena a jazz: una movida joven, creativa y con sello propio impulsa el género

(Por BR) Mientras el calendario cultural suele concentrarse en géneros más masivos, cada 30 de abril el mundo recuerda el Día Internacional del Jazz, fecha que también encuentra lugar en Paraguay. El jazz guaraní (¿por qué no llamarlo así?) también alberga figuras icónicas como Carlos Schvartzman, Lobito Martínez y Toti Morel, por mencionar algunos.

Detrás de esa movida aparece una escena activa, creativa y con proyección internacional que, aunque muchas veces opera fuera del radar mediático, sigue creciendo a fuerza de talento, autogestión y pasión. En ese sentido, desde InfoNegocios conversamos con Víctor Morel, baterista, docente, productor y promotor de proyectos que hoy colocan al jazz paraguayo en nuevas conversaciones.

En su caso, la música no fue una casualidad. Creció en un entorno artístico marcado por la influencia de su padre, Toti Morel, uno de los nombres más reconocidos del ámbito local. “Recibí mi primera batería a los cinco años. Desde chico veía los ensayos, escuchaba tocar a mi papá y aprendía no solo batería, sino también cómo desenvolverme profesionalmente en este mundo”, recordó.

Esa cercanía hizo que la música apareciera como algo natural. En la adolescencia comenzó tocando rock. “Si bien ya me gustaba el jazz, la idea era tocar, hacer música junto a otra gente, encontrar cualquier excusa para tocar en un grupo. Después tomé mi primera audición y, entre los 19 o 20 años, entré en el Centro Cultural Paraguayo Americano, dirigido por el maestro Remigio Pereira ”.

Morel pasó de intérprete a impulsor de proyectos propios. Desde 2011 forma parte de Joaju Cuarteto, agrupación de jazz que este año cumple 15 años y con la que recorrió escenarios de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú y Europa. El grupo cuenta con cuatro discos editados y prepara nuevas producciones para este año.

Uno de los lanzamientos más esperados será junto a Ricardo Flecha, en homenaje a los 80 años de Maneco Galeano. El material será presentado en junio y representa otra muestra de cómo el jazz local dialoga con figuras centrales de la música paraguaya.

Otro frente importante es el Ensamble Palito Miranda, creado en homenaje al saxofonista y educador Palito Miranda. El proyecto lanzó su primer disco en 2022, incluso en formato vinilo, y prepara un nuevo álbum para octubre, dedicado a Remigio Pereira, quien hubiera cumplido 80 años.

Además de su faceta artística, Morel también trabaja en la producción cultural. “En 2014, junto al periodista David Meza, fundamos la productora Sincopas Producciones, desde el ámbito de producción de eventos del jazz nacional, justamente porque creímos que hacía falta. Ya comenzaban a haber más proyectos, más músicos empezaron también a editar discos, vimos la necesidad de crear festivales. Es así que en 2014 nace Jazz Day, por el Día Internacional del Jazz”, detalló.

“El festival ayudó a romper el mito de que el jazz es solo para gente mayor. Siempre tuvimos un público muy joven, curioso y con ganas de descubrir otra experiencia musical”, señaló.

Aunque el jazz suele arrastrar una imagen elitista o distante, Morel aseguró que cuando se vive en directo genera una conexión inmediata. “La gente que nunca escuchó jazz muchas veces se sorprende cuando lo ve en vivo. La improvisación, la interacción entre músicos, las dinámicas del momento… cada concierto es único”, explicó.

Sin embargo, el principal desafío hoy no pasa tanto por conseguir audiencia, sino por encontrar escenarios. Tras la pandemia cerraron varios espacios que funcionaban como clubes o puntos de encuentro para este tipo de música. “Una cosa es tocar en eventos corporativos, donde acompañás una velada. Otra muy distinta es tocar en un teatro o club donde la gente va específicamente a escucharte”, afirmó.

La falta de lugares permanentes limita el desarrollo artístico y también la construcción de mercado. A eso se suma una menor presencia en radios o circuitos promocionales frente a géneros más populares como la cumbia, el rock o el folclore.

Jazz paraguayo

Aun así, la escena responde con creatividad. Muchos músicos comenzaron a mezclar jazz con sonidos paraguayos, abriendo nuevas puertas. Morel destacó trabajos como los de Juanjo Corbalán, Pedro Martínez, José Villamayor y Cristina Bitiusca, entre otros, quienes fusionan improvisación con ritmos nacionales, arpa paraguaya o repertorios tradicionales.

Ese cruce no solo renueva el género, también amplía su público. El jazz, por naturaleza, dialoga con otras formas musicales como el soul, el funk, el hip hop, el rock o el folklore. En Paraguay, esa versatilidad empieza a convertirse en oportunidad.

En paralelo, Morel también sumó un logro personal: obtuvo el patrocinio de Canopus Drums. “Desde el año pasado pude obtener un sponsoreo de una batería de Japón, que es Canopus Drums, actualmente una de las más importantes dentro de la escena del jazz mundial. Obviamente no es solamente una batería para tocar jazz, pero dentro del circuito internacional se la conoce por su gran calidad”, comentó.

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