El paraguayo apuesta al Gran Asunción: casas y dúplex lideran la preferencia del inversor local

(Por TA) El mercado inmobiliario en Paraguay atraviesa un momento de expansión sostenida, impulsado por un escenario que combina estabilidad económica, valorización urbana y oportunidades concretas de retorno. El país comenzó a posicionarse como un destino atractivo para inversiones regionales, especialmente por ofrecer condiciones que otros mercados sudamericanos ya no presentan con la misma fuerza.

Judy Rodríguez, especialista en inversión inmobiliaria

Desde la mirada de Judy Rodríguez, especialista en inversión inmobiliaria en Paraguay, el país ofrece un panorama que muchos países de la región perdieron: estabilidad, crecimiento y oportunidades reales de rentabilidad. Según explicó, ciudades como Ciudad del Este y Encarnación atraviesan un gran momento inmobiliario, impulsado por la estabilidad del guaraní y un entorno económico que favorece el desarrollo de infraestructura, empleo y nuevas inversiones.

Para la especialista, la inversión extranjera desempeñó un papel clave en este auge, ya que los capitales internacionales suelen enfocarse en países que fortalecen su perfil financiero y muestran señales de crecimiento sostenido. Rodríguez comparó el escenario paraguayo con el de Colombia hace 15 o 20 años, cuando ese país recibió grado de inversión y atrajo un fuerte flujo de capital. Paraguay se consolidó como uno de los países más estables tras la pandemia, lo que aumentó su atractivo y posicionamiento regional.

Rodríguez también destacó que el interés extranjero no se limita a la compra de departamentos, sino que se expandió hacia la creación de empresas y la inversión productiva. En ese punto, mencionó el impacto de la Ley de Maquila como uno de los factores que despertó interés internacional, junto con una carga impositiva competitiva. Además, explicó que muchos inversionistas llegan al país como consecuencia indirecta de políticas tributarias elevadas en sus lugares de origen, lo que empuja a empresarios a buscar mercados más convenientes.

En cuanto al inversor paraguayo, sostuvo que históricamente priorizó una lógica diferente: primero apostó por la vivienda propia, la comodidad familiar y la calidad de vida. Ese comportamiento se reflejó en la preferencia por casas amplias, terrenos y espacios recreativos, como patios o quinchos, especialmente en zonas tradicionales como San Bernardino. “El paraguayo siempre priorizó invertir en su familia y en su bienestar”, remarcó.

Sin embargo, esa mentalidad comenzó a cambiar. Rodríguez explicó que muchos propietarios paraguayos de viviendas en San Bernardino empezaron a ver la zona no solo como un espacio de descanso, sino también como una fuente de rentabilidad, considerando su alta ocupación en temporada alta y el valor elevado del turismo local. Esa transformación, marca el inicio de una evolución: el paraguayo ya no solo compra para vivir, sino también para generar ingresos.

Diferencia de perfiles

En paralelo, la especialista diferenció el enfoque del inversor extranjero, quien generalmente apunta a propiedades más pequeñas y con lógica de rendimiento inmediato. Mientras el paraguayo suele optar por casas, dúplex o terrenos, el extranjero se enfoca en monoambientes o departamentos de un dormitorio, priorizando precio, calidad de construcción y retorno. Para Rodríguez, esa diferencia genera un fenómeno positivo: ambos perfiles impulsan el crecimiento urbano desde distintos ángulos. “Mientras el extranjero invierte en edificios, el paraguayo invierte en casas”, explicó, destacando que esa combinación acelera la instalación de comercios y servicios que dinamizan la economía de las zonas en expansión.

Sobre el interés del paraguayo en invertir fuera del país, Rodríguez reconoció que existe, aunque en menor proporción. Destinos como Punta del Este siguen atrayendo por su comodidad y lujo, pero también por su alto costo se mantiene como un mercado más reducido. No obstante, un nuevo perfil comenzó a imponerse: paraguayos de segmento medio y menores de 45 años que decidieron invertir localmente, sobre todo en el Gran Asunción y zonas emergentes como Mariano Roque Alonso y Luque.

Ese grupo, según la entrevistada, comenzó a adquirir departamentos como primera inversión, ya sea para vivir o para alquilar, y aprovechó condiciones de financiamiento más accesibles. Rodríguez mencionó que muchos inversores utilizaron la renta generada por el inmueble para cubrir cuotas bancarias, impulsados por tasas más bajas y mejores condiciones crediticias. En ese escenario, la inversión inmobiliaria se volvió una estrategia más tangible para sectores medios que antes no accedían fácilmente al mercado.

En términos de retorno, Rodríguez afirmó que una inversión inmobiliaria normalmente se recupera en un promedio de 10 años, aunque el crecimiento acelerado del mercado paraguayo permitió reducir ese plazo. “Con el movimiento que está teniendo Paraguay, se puede recuperar entre 5 a 7 años”, aseguró, aclarando que el tiempo depende de la zona, el tipo de proyecto y el valor del inmueble.

No obstante, también advirtió sobre los riesgos, especialmente vinculados a la falta de regulaciones que obliguen a una desarrolladora a concluir una obra. En ese sentido, recomendó investigar a fondo la trayectoria de la empresa constructora, sus proyectos entregados, su respaldo financiero y su experiencia previa, tanto si se trata de capital nacional como extranjero. Para la especialista, en Paraguay la inversión inmobiliaria todavía se sostiene principalmente en un factor clave: la confianza.

Al cierre, Rodríguez dejó una recomendación directa para el inversor paraguayo: entrar ahora al mercado antes de que el crecimiento llegue a su punto máximo. “Los mejores mercados no son los que ya explotaron, sino los que están en proceso”, sostuvo. En su visión, Paraguay atraviesa justamente ese momento y representa una oportunidad única en Sudamérica, donde la inversión extranjera y el capital local se complementan y empujan, en conjunto, el desarrollo del país.

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