De acuerdo con el informe Panorama económico de América Latina y el Caribe, elaborado por el Banco Mundial, la economía regional crecería 2,2% en 2026, ligeramente por debajo del 2,4% registrado en 2025.
Aunque el organismo considera que esta estabilidad refleja un grado importante de resiliencia macroeconómica frente a los shocks externos, advirtió que el dato regional esconde revisiones a la baja en las perspectivas de numerosas economías.
Uno de los principales desafíos continúa siendo el bajo crecimiento por habitante. Según el informe, el PIB per cápita de América Latina y el Caribe apenas avanzaría durante 2026, reforzando una tendencia en la que la expansión económica general de la región no logra traducirse en mejoras significativas en los ingresos promedio de la población.
A esto se suman limitaciones fiscales, elevados costos reales de financiamiento y una demanda privada todavía moderada.
Paraguay, por encima del promedio regional
Dentro de ese escenario, el Banco Mundial destacó a Paraguay por mantener una trayectoria de crecimiento superior al promedio.
El país consolidó su condición de grado de inversión y mantiene una tendencia de expansión respaldada por exportaciones agrícolas sólidas, una mayor generación de electricidad y un marco macroeconómico estable, factores que contribuyen a sostener tanto la inversión como el consumo.
Además, el informe mencionó la consolidación fiscal y la inversión privada como elementos que continúan apoyando el desempeño económico.
Según las proyecciones, Paraguay crecería 4,7% en 2026, 4,1% en 2027 y 4,0% en 2028, manteniéndose entre las economías de mayor expansión dentro del grupo analizado.
El organismo también destacó que Paraguay viene registrando tasas de crecimiento superiores al 4% durante los últimos años y que su marco macroeconómico estable, sumado a una demanda interna sólida, permitió sostener ese desempeño.
La calificación de grado de inversión reforzó, además, la confianza de los mercados internacionales.
Un escenario internacional todavía incierto
El contexto externo seguirá representando un desafío importante para la región.
El Banco Mundial proyecta que el crecimiento global continuará siendo moderado durante 2026, en medio de persistentes tensiones comerciales, conflictos geopolíticos y un proceso desigual de reducción de la inflación.
Estados Unidos crecería 2,2% durante 2026, mientras que la zona del euro registraría una expansión de apenas 1,0%, afectada por la debilidad de su sector manufacturero y factores estructurales.
China también moderaría su crecimiento hasta 4,4%, principalmente por las tensiones en su sector inmobiliario y una menor demanda interna.
A este escenario se suma el conflicto en Medio Oriente, que provocó volatilidad y aumentos en los precios de las materias primas, especialmente en energía y fertilizantes.
Una energía más cara y volátil podría dificultar la reducción de la inflación global y llevar a políticas monetarias más restrictivas, con efectos sobre el financiamiento y el crecimiento de América Latina.
El Niño aparece como otro factor de riesgo
El informe también pone especial atención en el fenómeno de El Niño, que podría intensificarse y alcanzar su mayor impacto hacia finales de 2026.
Las consecuencias serían diferentes según cada zona de América Latina: algunas economías podrían sufrir sequías, mientras que otras enfrentarían lluvias excesivas e inundaciones.
El riesgo es especialmente importante para una región en la que la energía hidroeléctrica representa cerca de la mitad de la generación eléctrica.
Las sequías prolongadas podrían reducir la capacidad de generación y obligar a sustituir energía hidroeléctrica por fuentes térmicas más costosas, mientras que las lluvias intensas podrían provocar daños en infraestructura, redes de transmisión y zonas productivas.
En ambos casos, el resultado podría traducirse en mayores costos fiscales, presión sobre la inflación y pérdida de producción.
El fenómeno también podría afectar directamente a la agricultura, la seguridad alimentaria y los precios de los alimentos.
Dentro de este escenario climático, el Banco Mundial menciona a Ecuador, Paraguay y Argentina entre los países que podrían enfrentar impactos particularmente relevantes.