La historia que llevamos en la billetera: 83 años del guaraní

(Por BR) El 5 de octubre de 1943, Paraguay dio un paso decisivo en su independencia económica: mediante el Decreto-Ley N.º 655 se estableció el “Régimen Monetario Orgánico de la República del Paraguay” y nació oficialmente el guaraní como unidad monetaria nacional.

La reforma buscaba poner fin a un período de confusión e inestabilidad monetaria, unificar la emisión y reafirmar la soberanía monetaria del país. Los primeros billetes comenzaron a circular en 1944. A 83 años de aquel momento, el guaraní continúa siendo la moneda nacional y su historia puede leerse desde distintas perspectivas: como instrumento económico, como símbolo de soberanía y también como una pieza de identidad.

Para el historiador Fabián Chamorro, “la elección del nombre no fue casual: se eligió el guaraní como algo autóctono, algo nuestro. El Estado comenzó a tener mayor control sobre la economía, ya que podía controlar la emisión de los billetes y también la política monetaria. Esos primeros billetes, de alguna manera, buscaron construir una identidad nacional mediante símbolos patrios, referencias históricas y elementos culturales, como era la imagen del soldado paraguayo”.

El soldado paraguayo, José Félix Díaz, Carlos Antonio López y José Gaspar Rodríguez de Francia formaron parte de esa representación. “Hay que recordar que, cuando se creó la moneda guaraní, no habían pasado ni 10 años desde el fin de la Guerra del Chaco. Esta nueva familia de billetes funciona como una manera de contar quiénes somos; o sea, con elementos de historia, cultura, fauna y flora, vamos a contar quiénes somos a través de los billetes”, planteó Chamorro.

En ese sentido, cada cambio de familia monetaria también implica una actualización de la manera en que Paraguay decide representarse. Esa lectura conecta directamente con la próxima renovación de los billetes. El Banco Central del Paraguay anunció que la nueva familia buscará representar de manera más homogénea el patrimonio histórico y cultural, además de incorporar elementos de la fauna y flora nacionales. El cono monetario se mantendrá y no se eliminarán ceros.

La identidad es una cara de la moneda; la otra es su desempeño económico.

Para el economista Amílcar Ferreira, la historia del guaraní también está marcada por una característica poco común en la región: su permanencia sin eliminación de ceros y una relativa conservación de su valor a largo plazo.

Ferreira resaltó que “en estos últimos 83 años, una de las mejores monedas en cuanto a conservación de su valor fue el guaraní, porque conservó su valor. Es una de las mejores monedas de Sudamérica. En este último tramo tuvo los niveles de inflación más bajos de la región. La política monetaria en Paraguay en los últimos 23 años fue exitosa; podemos traducirla en un bajo nivel de inflación y en una moneda que, en este último período, se fortaleció con respecto al dólar”.

El economista también define a Paraguay como una “economía bimonetaria perfecta”, ya que los agentes económicos distribuyen sus depósitos entre dólares y guaraníes por decisión propia. Sectores como el agronegocio, las importaciones, los vehículos y el mercado inmobiliario tienen una fuerte presencia del dólar, mientras que el comercio interno, los supermercados, las cooperativas y buena parte de los servicios operan principalmente en guaraníes.

En el comercio exterior, el dólar continúa siendo la moneda predominante. Sin embargo, Ferreira señaló que “existen mecanismos para realizar operaciones entre países del Mercosur utilizando monedas locales y, si Paraguay mantiene su estabilidad, el guaraní podría ganar protagonismo en esas operaciones”.

La historia del billete de G. 50.000 es, justamente, un ejemplo de cómo economía e identidad pueden cruzarse. Germán Rojas, exministro de Hacienda y expresidente del Banco Central del Paraguay, recordó que, durante su gestión, en 2007, el robo de cinco cajas de billetes de esa denominación en un puerto brasileño obligó a paralizar una serie completa y generó la necesidad urgente de reponer circulante.

En medio de esa situación surgió la posibilidad de cambiar la imagen del soldado paraguayo. Rojas planteó buscar “otro tipo de héroe”: una figura que representara la lucha paraguaya desde otro ámbito. Así apareció Agustín Pío Barrios “Mangoré”, cuya imagen pasó al billete de G. 50.000.

“La elección tuvo un componente personal. Berta Rojas es prima hermana mía y ella es una de las principales impulsoras del reconocimiento internacional de Agustín Pío Barrios. Pensando en ella, le dije a mi copiloto de aquel entonces, el tesorero José Meza: ‘¿Qué tal si asimilamos la figura de Agustín Barrios?’. Porque es un luchador silencioso, tenaz. Una persona que tuvo que pasar por muchas vicisitudes para lograr el espacio que tenía, incomprendido en su tierra. Luchador del arte, luchador entre grandes titanes de la guitarra”, relató Rojas.

Para el extitular, el cambio significó sustituir a un guerrero por otro tipo de luchador: un artista que enfrentó dificultades, perseveró y llevó el nombre de Paraguay al escenario internacional. El actual billete de G. 50.000 conserva esa identidad y, según la documentación del BCP, lleva la imagen de Agustín Pío Barrios tanto en el diseño como en sus elementos de seguridad.

“La foto de Agustín Barrios que tiene el billete de G. 50.000 es una foto que está en el Cabildo. En el museo que tiene el Cabildo, en ese momento estaba Carol Margarita Morselli; ella me había ayudado con el diseño. Uno, si mira el reverso del billete con luz o con luz ultravioleta, va a encontrar una partitura completa de Barrios. Ese fue el diseño original”, comentó Germán Rojas.

Así, la historia del guaraní muestra que una moneda puede ser mucho más que una unidad para comprar, vender o ahorrar. Puede ordenar una economía, preservar soberanía y, al mismo tiempo, funcionar como una pequeña pieza de memoria colectiva.

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