La aprobación en el Senado de Brasil de la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y los beneficios que representa para el trabajador vuelven a poner el tema en debate en nuestro país y en la región.
En Paraguay se abre la interrogante: ¿es factible imitar e implementar un modelo similar al de Brasil sin que represente una dificultad para el sector empresarial y la generación de empleo formal?
Para el titular de la CAP, se precisa generar ciertas condiciones, como una mayor productividad, inversión en tecnología, capacitación del capital humano, reducción de la informalidad y un entorno que permita a las empresas seguir siendo competitivas.
Sobre el impacto que podría representar la reducción de la jornada en los costos operativos y la competitividad de las empresas paraguayas, Egüez indicó que “va a depender del sector, del tamaño de las empresas y de la posibilidad que tenga cada una de reorganizar sus procesos”.
“Por ejemplo, pasar de una jornada de 48 a 40 horas semanales, manteniendo el mismo salario, implica trabajar un 16,7% menos de horas y aumenta en un 20% el costo salarial por hora”, añadió Egüez.
Si bien esto no representaría una suba automática en todos los costos operativos, puede significar una presión importante para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que dependen en gran medida de la mano de obra.
¿Qué indicadores deben evaluarse?
Egüez afirmó que los cambios de esta índole deben basarse en datos concretos y medibles, y no solamente en buenas intenciones.
El análisis de la productividad por hora trabajada, los costos laborales por unidad producida, el ausentismo, la rotación del personal, la satisfacción de los trabajadores y, por supuesto, la rentabilidad y sostenibilidad de las empresas son algunos de los indicadores que se deben considerar para avanzar hacia un modelo que busca una mejor calidad laboral.
Además, el titular añadió que, en caso de que Paraguay elija avanzar en esta dirección, lo ideal sería aplicar la reducción de forma gradual, implementando estudios técnicos y teniendo en cuenta la realidad de cada sector.
Puntualizó que entre las empresas tecnológicas, las industrias, los comercios y las pequeñas empresas familiares hay diferencias en las estructuras de costos, los procesos y las necesidades operativas.
Ante un eventual debate en Paraguay, sostuvo que la discusión debe darse con seriedad y con la participación del Gobierno, los trabajadores y el sector empresarial, abriendo las puertas a experiencias piloto, mecanismos de adaptación y plazos diferenciados, junto con políticas que ayuden a mejorar la productividad, formalizar la economía y modernizar las empresas.
Añadió que desde el sector empresarial no están en contra de los cambios, pero que el gremio busca que sean sostenibles y que realmente generen beneficios para todos los sectores involucrados.
“Necesitamos un Paraguay donde los trabajadores estén mejor, las empresas puedan seguir creciendo y generando empleo, y donde todos tengamos más oportunidades”, finalizó.