A pesar de que hoy existe una creciente tendencia hacia los hábitos saludables, mantener una alimentación adecuada sigue siendo uno de los mayores desafíos. Para la licenciada Gladys Patiño, la respuesta no está únicamente en el conocimiento nutricional, sino en comprender cómo funcionan el cerebro, las emociones y los hábitos. Esta visión integral es precisamente lo que la convirtió en una de las referentes de la nutrición clínica funcional en Paraguay y Latinoamérica.
Recientemente, Patiño recibió el Premio a la Excelencia en Salud durante el LVI Congreso Internacional en Salud, realizado en Arequipa, Perú. El reconocimiento fue otorgado por la Organización Internacional para la Capacitación e Investigación Médica (IOCIM), considerada una de las instituciones médicas más prestigiosas y rigurosas de Iberoamérica.
Este galardón representa su tercer reconocimiento internacional y se suma a las distinciones recibidas en 2025 por parte de la Confederación Internacional de Salud (CIS), que la reconoció como Profesional con Mejor Calidad de Atención al Paciente en Latinoamérica y por su excelencia y destaque profesional.
Para la especialista, estos logros son el resultado de años de trabajo enfocados en integrar ciencia, tecnología, innovación y una atención centrada en la persona.
“Este galardón, que marca mi tercer reconocimiento a nivel internacional, es una validación al rigor científico, la innovación y el compromiso con la salud integral. Es importante destacar la labor de la IOCIM. Se trata de una de las instituciones médicas más rigurosas y prestigiosas de Iberoamérica”, expresó.
Tras formarse académicamente en el país y perfeccionarse mediante especializaciones en Brasil, adoptó un enfoque que va más allá del tratamiento de síntomas.
“Allí adopté la visión de la nutrición clínica funcional: un abordaje que no se conforma con el alivio de los síntomas, sino que investiga la raíz metabólica y bioquímica de cada paciente. Con el objetivo de implementar esta visión en nuestro país, creé el 1er Consultorio Smart, pionero en Paraguay al establecerse como un verdadero ecosistema de nutrición de vanguardia”, mencionó.
Conexión entre cerebro, emociones y salud
Actualmente, además de dirigir Qualinova Paraguay, empresa destacada por su innovación en suplementos nutricionales, cursa una maestría en neurociencias para profundizar el estudio de la conexión entre cerebro, emociones y salud. Según explicó, uno de los principales desafíos de las personas que buscan mejorar su alimentación es comprender que el cambio no depende únicamente de la voluntad.
“Tradicionalmente se creyó que comer saludable era una cuestión de fuerza de voluntad, pero la neurobiología nos muestra algo diferente. Nuestro cerebro está programado para buscar alimentos altamente calóricos como mecanismo de supervivencia y, además, gran parte de nuestras decisiones diarias son automáticas”, señaló.
De acuerdo con la especialista, “cerca del 40% de nuestras decisiones diarias son automáticas. Un hábito arraigado ya tiene un camino neuronal construido, mientras que adoptar uno nuevo requiere un esfuerzo consciente enorme de la corteza prefrontal, que se fatiga a lo largo del día. No es falta de voluntad, es fatiga cognitiva”, afirmó.
Uno de los aspectos que más investigó es la relación entre inteligencia emocional y alimentación. Con formación en psiquiatría nutricional, salud mental e inteligencia emocional aplicada a la salud, sostiene que muchas personas utilizan la comida como una respuesta rápida ante emociones como el estrés, la ansiedad, la frustración o la tristeza.
“La inteligencia emocional es el eslabón perdido de la nutrición sostenible. Cuando aprendemos a identificar nuestras emociones podemos distinguir si realmente tenemos hambre o si estamos intentando aliviar una situación emocional a través de la comida”, afirmó.
Patiño señaló que el hambre física aparece de forma gradual y puede satisfacerse con cualquier alimento nutritivo, mientras que el hambre emocional suele manifestarse repentinamente mediante antojos específicos y difíciles de controlar.
Para generar cambios sostenibles, recomienda aplicar estrategias respaldadas por la ciencia como el diseño del entorno, la incorporación de microhábitos y la construcción de una nueva identidad personal vinculada al autocuidado.