Natalia Ántola, directora general de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), explicó que la candidatura de la chipa representa un reconocimiento a una tradición que forma parte de la esencia del país. En el caso del pesebre, destacó que se trata de una manifestación cultural compartida con otros países, cuya candidatura se presentó de manera multinacional junto a Italia y España, lo que constituye la primera participación de Paraguay en este tipo de modalidad.
La funcionaria detalló que el proceso ante la Unesco no garantiza una aprobación inmediata. El país debe elaborar y presentar un dossier técnico que luego entra en un proceso de evaluación internacional. “Presentar el dossier no quiere decir que estemos aprobados”, aclaró, y agregó que las candidaturas compiten con otras propuestas de todo el mundo, ya que cada año se analizan solo unas 60 postulaciones a nivel global.
Ántola también señaló que Paraguay presentó varias candidaturas en los últimos años, como el tereré, el poncho para’i, la guarania y el ñandutí, lo que limita la posibilidad de que todas sean evaluadas en el mismo período. “Se les da prioridad a países que no han presentado ninguna candidatura o que tienen pocas”, subrayó, por lo que el país debe definir prioridades internas para futuras postulaciones. En ese contexto, resaltó la importancia de iniciar el proceso de reconocimiento de la gastronomía paraguaya a través de la chipa.
En cuanto al impacto que podría tener el reconocimiento internacional, la directora general destacó que la visibilidad constituye uno de los principales beneficios. Según explicó, la declaratoria puede atraer turistas interesados en conocer la cultura paraguaya, pero también fortalecer el orgullo y el autorreconocimiento de la ciudadanía. “Ser orgulloso de uno mismo, explorar alternativas, es lo más importante”, sostuvo.
Además, Ántola indicó que el reconocimiento internacional impulsa la valoración de los portadores de las tradiciones, como artesanos y productores. Citó el caso del poncho para’i de 60 listas, cuya producción mantiene a un número reducido de artesanas, y cuya visibilidad ayuda a que la sociedad comprenda el valor del trabajo artesanal y cultural. “Todo activa”, remarcó, al referirse al impacto cultural, económico y social de estas declaratorias.
Respecto a la coordinación entre el Estado, municipios y comunidades, la funcionaria relató que las candidaturas requieren la participación activa de los portadores de las tradiciones. Las comunidades deben otorgar su consentimiento libre e informado y participar desde el inicio del proceso. “Sin las personas que llevan adelante estas manifestaciones no se puede presentar una candidatura”, afirmó, y destacó que el Estado actúa como un instrumento para visibilizar el trabajo de estas comunidades.
Finalmente, Ántola enfatizó que el reconocimiento del patrimonio cultural debe comenzar dentro del país. “El trabajo empieza acá, desde nuestras casas, desde el reconocimiento de nuestra cultura”, expresó, y aseguró que el objetivo del Estado consiste en generar planes para fortalecer y salvaguardar estas manifestaciones para las futuras generaciones.
Con estas candidaturas, Paraguay busca obtener un reconocimiento internacional y avanzar en la visibilización de su patrimonio cultural inmaterial, mediante la postulación de prácticas y tradiciones presentes en la vida social y cultural del país.