El encuentro reunió tres eventos que marcaron la agenda global sobre transformación digital. El Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA abrió la discusión sobre las reglas que deberán orientar el desarrollo de esta tecnología; el Foro de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información impulsó acuerdos para ampliar la conectividad y acelerar proyectos digitales; mientras que la cumbre AI for Good exhibió aplicaciones concretas que utilizan inteligencia artificial para resolver problemas vinculados con la salud, la educación, la seguridad y la inclusión.
Durante la apertura, el secretario general de la ONU, António Guterres, planteó el interrogante que atravesó toda la semana: si la inteligencia artificial cambiará el mundo para todas las personas o únicamente para quienes ya concentran el conocimiento, los datos y la capacidad tecnológica. El líder de Naciones Unidas sostuvo que la IA puede reducir décadas de atraso en materia de desarrollo, pero advirtió que ese potencial solo se concretará mediante reglas claras, cooperación internacional y acceso equitativo.
Las demostraciones realizadas en el Palexpo mostraron que esa posibilidad ya comenzó a tomar forma. Equipos especializados presentaron sistemas capaces de detectar indicios tempranos de cáncer mediante el análisis de imágenes médicas, una herramienta que permitiría acelerar diagnósticos y brindar apoyo a centros de salud donde escasean especialistas. El objetivo no consiste en reemplazar a los profesionales, sino en ampliar su capacidad de respuesta y acercar servicios a comunidades con menos recursos.
La inteligencia artificial también mostró su potencial para fortalecer la transparencia institucional. Diversos organismos expusieron plataformas que analizan millones de operaciones financieras para identificar movimientos sospechosos vinculados al lavado de dinero o hechos de corrupción. Estas herramientas permiten detectar patrones que resultan prácticamente imposibles de identificar mediante métodos tradicionales y ofrecen nuevos recursos para proteger fondos destinados al desarrollo.
Otro de los ejes centrales giró en torno a la conectividad. Varias iniciativas utilizaron inteligencia artificial para identificar escuelas que todavía permanecen desconectadas de internet y diseñar estrategias que permitan llevar infraestructura digital a las zonas más alejadas. Los organizadores recordaron que cerca de 2.200 millones de personas aún permanecen fuera del ecosistema digital, una realidad que limita el acceso a la educación, la información y las oportunidades económicas.
La formación de ciudadanos capaces de utilizar la inteligencia artificial con pensamiento crítico también ocupó un lugar destacado en la agenda. Especialistas coincidieron en que el acceso a herramientas inteligentes debe ir acompañado por una educación que enseñe a evaluar la información, verificar contenidos y comprender los límites de los sistemas automatizados. Consideraron que esa preparación resultará clave para evitar que la velocidad de las respuestas sustituya al análisis y al criterio humano.
La semana también impulsó una nueva alianza internacional con la creación de la AI for Good Global Commission, integrada por jefes de Estado, representantes de organismos internacionales y líderes empresariales. El espacio buscará impulsar políticas que fortalezcan la confianza, promuevan un acceso más amplio a la inteligencia artificial y reduzcan las brechas tecnológicas entre países desarrollados y economías emergentes.
Más allá de las demostraciones tecnológicas, la reunión dejó una conclusión compartida: el verdadero desafío ya no consiste en desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados, sino en construir un modelo de gobernanza que garantice que sus beneficios lleguen a toda la sociedad