Esta tendencia coincide con lo que el presidente de la Asociación de Restaurantes del Paraguay (Arpy), Oliver Gayet, viene anticipando desde mediados del año pasado.
Ya en junio de 2025, Gayet advertía sobre un cambio estructural en el comportamiento del consumidor paraguayo. "Hoy el cliente gasta menos por persona, el ticket promedio es más bajo y se opta por opciones más económicas. Sigue saliendo, pero cuida mucho más el bolsillo", explicó.
Esta tendencia se profundizó hacia el cierre de 2025, cuando el titular de la Arpy calificó el desempeño del año como "dispar" y anticipó que 2026 arrancaría con cautela, especialmente para los restaurantes tradicionales, que mostraban cierto estancamiento frente al crecimiento de las cadenas de comidas rápidas.
La cautela se reflejó en la celebración de San Valentín. A diferencia de febrero de 2025, cuando el propio Gayet proyectaba una jornada "muy lucrativa", con reservas completas hasta dos días de anticipación y la expectativa de recuperar el mes de enero, este año la historia fue distinta.
Si bien los restaurantes se esmeraron en la decoración y en la propuesta romántica, la respuesta del público fue medida. El factor estacional también jugó en contra: el líder gremial había señalado recientemente que "enero y febrero suelen ser complicados" para la rentabilidad del rubro, describiendo esos meses como aquellos en los que se gasta más de lo que ingresa.
Otro factor que explicaría la moderación en el consumo es la resistencia del paladar local a pagar precios elevados por experiencias gastronómicas de alta gama dentro del país.
La informalidad, un mal que el dirigente viene denunciando de manera recurrente, también conspira contra el repunte esperado. "Ser formal no es fácil, y el consumidor no siempre es exigente en los detalles de calidad; muchas veces quiere que sea rico y barato. Eso pone en desventaja a quienes hacen el esfuerzo de formalizarse", aseveró.
En una fecha clave como San Valentín, la oferta informal suele captar una porción del mercado que termina distribuyéndose de manera desigual.
De esta manera, el sector enfrenta el desafío de recomponer sus niveles de rentabilidad en un escenario donde el consumidor es cada vez más racional con sus gastos. La fecha de los enamorados, que solía ser un salvavidas para equilibrar las finanzas después de enero, ya no garantiza por sí sola una recuperación milagrosa.