¿En qué momento sentiste que el atletismo dejó de ser solo una pasión para convertirse en un proyecto de vida?
Para mí el deporte siempre fue un proyecto. Crecí con la idea de usarlo como medio para cumplir dos sueños: representar a Paraguay y estudiar una carrera universitaria en Estados Unidos. Mi mamá no pudo cumplir ese sueño y me pasó la posta. Me dijo que me iba a apoyar al 100% en todo. Primero encontré la natación, que fue mi gran pasión, pero no tenía las condiciones para desarrollarme. Probé atletismo y ahí se dio todo. Desde el comienzo entendí que el deporte iba a marcar mi vida.
¿Qué sacrificios invisibles existen detrás de una atleta olímpica?
Ser “normal”. La gente cree que el sacrificio pasa solo por la dieta o el entrenamiento, pero también renuncias a cosas cotidianas. Cuando me mudé de Ayolas a Asunción no fui a ninguna fiesta de colegio en mi último año. Organizaba todo, pero no asistía. Mientras mis compañeros jugaban intercolegiales o salían en el recreo, yo hacía tareas o descansaba porque necesitaba rendir al máximo. Si quería viajar y competir, debía mantener buenas notas. No podía fallar.
Pirelli también recordó decisiones personales que marcaron su juventud. “No fui al velorio de una de mis tías favoritas porque estaba estudiando en Estados Unidos. No tenía dinero para viajar y tampoco podía justificarlo ante la universidad. Son pequeñas cosas que nadie ve”, explicó.
Además, planificó cada etapa de su vida: estudió Biología en Estados Unidos, proyectó su retiro a los 30 años y lo cumplió cinco años después. “Viví planificando: la beca, los Juegos Olímpicos, el retiro. Cuando dejé de ser feliz entrenando, entendí que era momento de cerrar el ciclo”, afirmó.
¿Ser mujer en el alto rendimiento implicó desafíos adicionales?
Cuando yo empecé sí. Hoy las chicas tienen más herramientas y más respaldo. Antes costaba romper barreras. Yo fui la primera en competir con mallita y top en atletismo. Tenía 16 años y me pregunté por qué debía sentir vergüenza si las atletas de Estados Unidos competían así con seguridad. Decidí no adaptarme al miedo de la sociedad.
La exheptatleta destacó que hoy existen canales formales para denunciar abusos y situaciones de acoso dentro del deporte, algo que no ocurría con la misma claridad en generaciones anteriores. Desde su rol en la dirigencia, trabaja para acompañar a jóvenes atletas y brindar contención. “Las redes sociales son una herramienta, pero primero enseñamos a hablar, a dejar todo por escrito y a usar los canales correctos. Yo tuve que atropellar muchas veces porque nadie me enseñó cómo hacerlo”, señaló.
¿Qué falta para que el deporte femenino tenga la misma visibilidad que el masculino?
Faltan más mujeres en cargos de decisión. Si una dirigente mujer lidera, entiende mejor lo que necesita una atleta. No se trata solo de pagar igual o dar visibilidad, sino de comprender las realidades específicas de cada deporte. En el Comité Olímpico hoy hay muchas mujeres en posiciones de poder y eso marca la diferencia.
Pirelli observa un cambio de mentalidad en las nuevas generaciones. “Las chicas hoy se muestran más seguras, más abiertas a preguntar y exigir. Antes sentíamos que era nuestra culpa o que no teníamos lugar. Ahora saben que tienen respaldo”, sostuvo. Desde la Comisión de Atletas impulsan charlas y capacitaciones para fortalecer esa confianza.
¿Qué mensaje les darías a las chicas que dudan por estereotipos o críticas?
Yo también dudé. A los 12 años me escondía porque alguien me gritó que parecía hombre por mis hombros de nadadora. Mi mamá me enfrentó y me dijo que no podía esconder el fruto de mi esfuerzo por la opinión de un desconocido. Si el deporte te hace feliz, seguí. Más allá del físico o de las medallas, pregúntate: ¿sos feliz haciéndolo? Si la respuesta es sí, no pares.
La conversación cerró con una reflexión sobre liderazgo. En una competencia en Brasil, asumió la responsabilidad de acompañar a atletas más jóvenes. “Me encantó liderar, escuchar, organizar. Me dio más emoción que competir. Ahí entendí que empezaba otra etapa”. Hoy trabaja para que más deportistas asuman ese rol y se conviertan en embajadoras del deporte paraguayo.
Camila Pirelli ya no compite en la pista, pero sigue corriendo otra carrera: la de abrir camino para que las mujeres encuentren un deporte más seguro, más justo y con más oportunidades. En su historia no solo hay medallas, sino una convicción firme: romper barreras para que otras no tengan que hacerlo.