El paso del formato físico tradicional a un esquema completamente digital promete agilizar operaciones, reducir procesos manuales y, al mismo tiempo, transformar la dinámica de negociación de estos instrumentos en el mercado secundario.
Actualmente, los CDA siguen operando, en gran medida, bajo esquemas cartulares, es decir, certificados físicos cuya transferencia implica procesos administrativos, endosos y validaciones que vuelven más pesada la operativa. Con la implementación de los CDA digitales (CDA-d), prevista para agosto de este año, las emisiones, custodias, transferencias y liquidaciones pasarán a realizarse mediante anotaciones en cuenta dentro de una plataforma tecnológica administrada por la Depositaria de Valores del Banco Central del Paraguay (DEPO).
Desde el equipo técnico de la Subgerencia General de Operaciones Financieras (SGGOF) del BCP, explicaron que este proceso permitirá alinear al mercado paraguayo con estándares internacionales y principios impulsados por organismos como la Organización Internacional de Comisiones de Valores (Iosco), además de fortalecer la seguridad, transparencia y trazabilidad de las operaciones.
Uno de los principales impactos esperados apunta directamente al mercado secundario, donde los CDA ya registran un importante movimiento, aunque históricamente con poca visibilidad estadística debido a que muchas operaciones se realizan de forma privada entre bancos, fondos mutuos e inversionistas institucionales.
De acuerdo con los datos de la Superintendencia de Valores, en 2025 el volumen negociado en el mercado secundario fue de alrededor de G. 21,1 billones. Para César Paredes, presidente de Cadiem Administradora de Fondos, la digitalización podría generar un efecto similar al que tuvo, en su momento, la migración de los bonos físicos hacia la operativa electrónica dentro de la bolsa.
“Cuando se pasó de los instrumentos cartulares a la operativa electrónica, aumentaron muchísimo las transacciones, porque el inversor deja de preocuparse por cómo va a liquidar, si tiene que endosar el título o trasladar físicamente el documento”, explicó.
Según detalló, hoy gran parte de la complejidad de negociación de los CDA se encuentra precisamente en la carga operativa que implica el manejo físico de los certificados, lo que limita la agilidad del mercado secundario.
Paredes sostuvo que este cambio podría generar dos efectos principales: un aumento en la cantidad de transacciones y una ampliación de los plazos de colocación.
“Cuando existe un mejor mercado secundario, el inversor pierde el miedo a colocar a plazos más largos, porque sabe que podrá vender el instrumento cuando quiera. Eso fue lo que ocurrió con los bonos: antes los plazos máximos eran de tres años y hoy llegan hasta diez años”, señaló.
La mayor liquidez aparece así como uno de los conceptos centrales detrás de la transformación. Al existir un mercado secundario más dinámico y eficiente, los instrumentos ganan capacidad de convertirse rápidamente en efectivo, lo que mejora su atractivo para los inversionistas.
Desde la SGGOF también destacaron que el sistema permitirá una trazabilidad mucho más precisa de las operaciones. Cada emisión, transferencia o cambio de titularidad quedará registrada digitalmente, fortaleciendo la supervisión y el monitoreo del mercado.
Actualmente, la Superintendencia de Valores dispone de registros basados en reportes periódicos de entidades supervisadas, aunque no existe una fotografía completa del movimiento real del mercado secundario.
Paredes explicó que una parte importante de las negociaciones ocurre fuera de las casas de bolsa, especialmente entre bancos y fondos mutuos, lo que dificulta contar con cifras exactas sobre el volumen total negociado.
Con el nuevo esquema, el Banco Central tendría acceso a registros más detallados sobre los cambios de titularidad y transferencias realizadas, permitiendo construir estadísticas mucho más precisas sobre volumen, participantes y movimientos del mercado.
La operativa también incorporará mecanismos de liquidación bajo el modelo Delivery versus Payment (DvP), que implica la transferencia simultánea de fondos y títulos, reduciendo riesgos de contraparte y fortaleciendo la seguridad para los participantes.
El proceso de transición será gradual. Los CDA físicos continuarán coexistiendo con los digitales durante, al menos, dos años posteriores a la puesta en marcha de la plataforma, periodo en el cual se prevé estabilizar el sistema e incorporar nuevas funcionalidades operativas.
Dentro del sistema financiero, la expectativa es que esta transformación no solo modernice la infraestructura operativa, sino que también contribuya a profundizar el mercado financiero paraguayo, incrementando el volumen negociado y fortaleciendo la confianza de inversionistas locales e institucionales.
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