Aunque pueda parecer una variación pequeña, detrás del dato existe un fenómeno económico más amplio: el crecimiento urbano, el aumento de oportunidades laborales y el mayor acceso a servicios están generando un mercado interno más dinámico y una distribución de ingresos relativamente más equilibrada.
El coeficiente de Gini es el indicador más utilizado para medir desigualdad. Mientras más cercano a 0, mayor igualdad existe en la distribución de ingresos; cuanto más próximo a 1, mayor es la concentración de riqueza en pocas personas. El reporte del INE también revela una diferencia importante entre el comportamiento económico de las ciudades y el campo. Las zonas urbanas presentan menores niveles de desigualdad en comparación con las áreas rurales, reflejando una economía más dinámica y con mayores posibilidades de movilidad social.
A nivel departamental, los contrastes también son notorios. Caaguazú registró el mayor índice de desigualdad del país, con 0,605, seguido por Canindeyú, con 0,545. En el otro extremo aparecen Central (0,359), Cordillera (0,362) y Ñeembucú (0,366), como los departamentos con mejor distribución de ingresos.
Para el economista Amílcar Ferreira, este comportamiento confirma una transformación estructural que Paraguay viene atravesando en los últimos años: la urbanización acelerada de su economía.
“El crecimiento de las áreas urbanas genera mayores oportunidades de empleo y ascenso social para las personas. Eso permite elevar ingresos y reducir la brecha entre quienes más ganan y quienes menos ganan”, explicó.
Según Ferreira, la diferencia radica principalmente en las oportunidades disponibles dentro de las ciudades. El acceso a educación, financiamiento, infraestructura, servicios y redes de contacto hace que las personas tengan mayores posibilidades de emprender, emplearse o mejorar sus ingresos.
“En la ciudad existe más movilidad social. Las personas emprenden, consiguen empleo, abren pequeñas empresas y aprovechan oportunidades que en el área rural son mucho más limitadas”, sostuvo.
El economista considera que esta reducción de la desigualdad también está estrechamente vinculada al actual momento de expansión económica del país.
“Paraguay viene creciendo a un ritmo cercano al 6% anual durante los últimos tres años, superando el promedio histórico de 4%. Las ciudades hoy son el centro de ese dinamismo económico. Ahí están sucediendo las cosas”, afirmó.
Ese crecimiento empieza a sentirse particularmente en sectores vinculados al comercio, servicios, gastronomía, construcción, logística y pequeñas empresas urbanas, actividades que dependen directamente del consumo interno.
Cuando más personas acceden a mejores ingresos, aunque sea de manera gradual, el impacto económico se distribuye en toda la cadena comercial. Una mayor capacidad de consumo implica más movimiento para negocios, más demanda de servicios y mayor circulación de dinero dentro de la economía.
En paralelo, Ferreira explicó que en las zonas rurales las estructuras económicas tienden a mantenerse más rígidas.
“Hay menos movilidad social. El que es pobre tiene menos posibilidades de salir de esa situación y el que tiene grandes recursos mantiene su posición”, indicó.
La diferencia no solamente pasa por ingresos, sino también por acceso a herramientas que permiten progresar económicamente. Mientras en las ciudades existe mayor conectividad, acceso financiero y oportunidades laborales, en muchas zonas rurales las posibilidades siguen dependiendo principalmente de actividades primarias y economías menos diversificadas.
El informe del INE incorpora además otros indicadores técnicos complementarios, como el índice de Gini suavizado (top-coding), la desviación logarítmica media y la relación de dispersión interdecil (P90/P10), herramientas que permiten medir con mayor precisión las brechas entre los sectores de mayores y menores ingresos.
Más allá de los números, el dato empieza a ser observado también desde el sector empresarial y comercial, debido a que una menor desigualdad puede traducirse en un mercado consumidor más amplio y activo.