Desde que era una niña, Isabel tenía un lápiz en la mano. Para ella, dibujar no era solo un pasatiempo, sino una forma de expresarse y, con el tiempo, también una manera de generar sus primeros ingresos. Mientras cursaba la secundaria ya vendía sus ilustraciones, sin imaginar que años después ese talento se convertiría en su profesión.
En un momento de su vida se mudó a Corrientes, Argentina. Allí, en 2016, vio a un artista realizando retratos en la costanera. La escena le despertó la idea que cambió su vida.
"Vi que a la gente le encantaba verlo trabajar y pensé: ¿por qué no intentarlo yo también?", recordó.
Durante cuatro años perfeccionó su técnica de forma completamente autodidacta. Cuando regresó a Paraguay, en 2018, tuvo que empezar prácticamente desde cero: retomar sus estudios, buscar trabajo y volver a hacerse un nombre. En lugar de buscar un empleo tradicional, decidió apostar por su propio emprendimiento.
Creó un perfil en redes sociales para ofrecer caricaturas por pedido y comenzó a tocar puertas para participar en eventos empresariales, cumpleaños y bodas. Al principio había dudas e incertidumbre, pero también una fuerte convicción de que podía vivir de lo que más amaba hacer.
Su primera gran oportunidad llegó en una feria del libro, donde su trabajo empezó a ganar visibilidad. A partir de allí comenzaron las invitaciones a programas de televisión y los contratos con empresas de mayor tamaño.
Hoy su cartera de clientes incluye firmas como Banco Familiar y Toyotoshi SA, además de numerosos restaurantes, marcas y organizadores de eventos que buscan ofrecer una experiencia diferente a sus invitados.
Su especialidad son las caricaturas realizadas en vivo. Mientras los asistentes observan cada trazo, Isabel logra capturar la esencia de las personas en apenas unos minutos. Sin embargo, hay un detalle que la distingue de muchos caricaturistas: ella decidió alejarse del humor basado en exagerar defectos físicos.
"Mi estilo es mucho más tierno. Me gusta resaltar la belleza de las personas y que, cuando reciban el dibujo, se sientan felices al verse", explicó.
Ese enfoque terminó convirtiéndose en su sello personal y, según contó, es una de las razones por las que nunca le faltan clientes.
Dependiendo de la duración del evento, sus servicios parten desde G. 1.800.000 por una hora, con tarifas que aumentan según el tiempo contratado. Detrás de cada presentación hay una importante preparación previa: organizar materiales, calcular cuántas ilustraciones podrá realizar y adaptar el servicio a la cantidad de asistentes.
Uno de sus desafíos más grandes ocurrió durante una actividad de San Valentín en un restaurante, donde tuvo que dibujar a 52 personas en apenas unas horas. El reto fue intenso, pero logró cumplirlo mientras cada vez más personas hacían fila para llevarse un recuerdo ilustrado.
Sin embargo, el momento más emocionante de su carrera ocurrió hace apenas unos días, cuando dio un paso más allá de las caricaturas y realizó su primera pintura en vivo durante una boda.
Durante seis horas pintó, frente a todos los invitados, una escena completa del matrimonio, incluyendo a los novios y el paisaje del lugar. Mientras avanzaba la obra, decenas de personas se acercaban para observar el proceso.
La presión era enorme. "Me exigí muchísimo porque era la primera vez que hacía una pintura de este tipo en una boda. No solo tenía que retratar a los novios, sino también todo el entorno", recordó.
Cuando finalmente presentó la obra terminada, la reacción fue exactamente la que esperaba.
Los recién casados se emocionaron profundamente. Días después, la novia volvió a escribirle para agradecerle y decirle que "la perfección existe", un mensaje que Isabel guarda como uno de los reconocimientos más valiosos de su carrera.
No es la única vez que el arte provoca lágrimas. También realiza retratos por pedido de familiares que ya fallecieron. En esos casos, asegura que muchas personas rompen en llanto al recibir el dibujo.
"Eso me llena muchísimo porque siento que estoy haciendo un buen trabajo y ayudando a que las personas conserven un recuerdo muy especial", afirmó.
Actualmente vive en San Antonio, pero trabaja en Asunción, Central y el interior del país, llegando incluso a ciudades como Villarrica e Itauguá. Para ella, cada evento representa una nueva oportunidad de demostrar que en Paraguay es posible vivir del arte y que un estilo auténtico puede convertir un dibujo en un recuerdo que acompañe a una familia para toda la vida.