Descarbonización, una inversión con futuro: la oportunidad de América Latina para construir ecosistemas más sostenibles

Las catástrofes provocadas por el cambio climático, como olas de calor, incendios forestales e inundaciones, están afectando a las economías globales y especialmente a la región de América Latina. En este contexto, la necesidad de descarbonizar la economía mundial es urgente. Según detalla un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el costo de no actuar frente al cambio climático podría alcanzar hasta US$ 2,7 billones en beneficios perdidos para la región.

Este informe resalta que la transición hacia una economía libre de emisiones es crucial para frenar el calentamiento global, ya que traerá consigo enormes beneficios económicos, principalmente mediante el ahorro de energía, la mejora de la salud y el fortalecimiento de los ecosistemas.

Si la región sigue avanzando por el camino tradicional basado en la expansión urbana descontrolada, la continua dependencia de los combustibles fósiles para la generación de energía y el transporte, y un extenso sistema agrícola que no cuida la tierra, el informe predice un aumento del 70% en las emisiones en la región para el año 2050. La congestión, los accidentes y la contaminación impondrán costos elevados en medio de este crecimiento, mientras que la deforestación acabaría con sumideros de carbono y biodiversidad irremplazables.

Además, la descarbonización de sectores clave como la energía, el transporte y la agricultura presenta una oportunidad para reducir los costos asociados con la contaminación, la deforestación y la congestión urbana. La inversión en energías renovables, el transporte eléctrico y la agricultura sostenible podría generar dividendos significativos en el largo plazo, no solo para la economía, sino también para la salud pública y el bienestar social.

La transformación hacia un modelo económico sostenible y descarbonizado, según el informe, es una inversión que supera los costos iniciales y tiene el potencial de fortalecer las bases del desarrollo en la región.

El enfoque identifica de manera confiable prioridades de alto impacto con beneficios netos para el desarrollo al poner a prueba los resultados en miles de escenarios para explorar las principales incertidumbres.

Electricidad renovable: Con la energía solar y eólica más barata que los combustibles fósiles, la modernización de la generación asegura una energía asequible y confiable para las necesidades de desarrollo, al tiempo que permite el transporte limpio, edificaciones sostenibles y electrificación.

Transporte limpio y electrificado: La electrificación de vehículos de pasajeros y carga con baterías o hidrógeno reduce de manera confiable las emisiones al tiempo que disminuye la contaminación local. Esto depende de una electricidad más limpia.

Uso sostenible de la tierra: Aumentar la productividad y elegir alimentos más nutritivos y menos intensivos en carbono ralentiza la deforestación al tiempo que mejora la salud, amplía la absorción de carbono de la naturaleza y apoya a comunidades rurales e indígenas.

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