Esta transformación aparece reflejada en el estudio “Paraguayos Hoy 2026”, elaborado por CCR Paraguay, que este año define al consumidor bajo una particular premisa: “juega inteligente, pero elige con el corazón”.
Mauricio Larrosa, gerente general de CCR Paraguay, explicó que el estudio se realiza anualmente y que la edición 2026 fue elaborada a partir de una muestra de 800 casos relevados en junio en Asunción, Gran Asunción y las principales ciudades del interior del país, mediante un cuestionario semiestructurado de aproximadamente una hora.
Una de las principales transformaciones respecto a años anteriores está en el lugar que ocupa el propio consumidor frente a las empresas. Si hace una década una persona podía incorporar determinadas marcas o elegir ciertos comercios por el estatus que estos le otorgaban, actualmente la lógica comienza a invertirse.
“Hoy está esperando que las marcas y los retailers se acerquen a él y le hagan una propuesta de valor”, explicó. El consumidor se encuentra “más que nunca en el centro de la escena”.
Menos peso de la marca y más racionalidad
Uno de los resultados que mejor refleja esta transformación aparece en el denominado perfil marcario. El estudio divide a los consumidores en tres grupos: racionales, economistas y marquistas.
En 2026, el 61 % se ubica dentro del perfil racional, mientras que un 35 % prioriza el precio y entra dentro de la categoría economista. Apenas un 4 % se identifica como marquista, es decir, elige principalmente en función de la marca.
El consumidor racional no necesariamente busca el producto más barato. Su decisión pasa por encontrar una relación adecuada entre lo que recibe y lo que paga.
La evolución histórica resulta todavía más significativa. Según CCR, el perfil racional se movía tradicionalmente entre el 30 % y el 40 %, llegó a alcanzar alrededor del 70 % durante la pandemia y actualmente permanece por encima del 60 %.
El precio, sin embargo, sigue teniendo un peso determinante. Larrosa señaló que la multiplicación de marcas, presentaciones, canales y alternativas obliga al comprador a evaluar constantemente qué opción se ajusta mejor a su presupuesto. En esa ecuación entran tanto el contenido y el precio del producto como el dinero disponible en el hogar.
El gasto aumenta, pero la canasta crece a otro ritmo
Otro de los datos que refleja esta nueva realidad es la diferencia entre la evolución del gasto de los hogares y la del consumo masivo.
El estudio muestra que el gasto promedio total aumentó alrededor de un 11 % frente a 2025, mientras que la canasta de consumo registra un crecimiento cercano al 1 % en volumen.
Larrosa aclaró que no se trata de indicadores equivalentes. La canasta considerada por CCR incluye alimentos, bebidas, cosmética, limpieza, carnes, frutas y verduras, entre otras categorías, y representa aproximadamente el 19 % del gasto relevado. El resto corresponde a compromisos y servicios como préstamos, tarjetas, transporte, movilidad o educación.
Además, un mayor gasto no necesariamente responde únicamente a aumentos de precios. La ampliación de la oferta también está llevando a los consumidores a incorporar nuevas categorías, servicios y gastos vinculados al bienestar.
En el caso específico de las compras de alimentos y productos para el hogar, la presentación ubica el gasto promedio mensual en G. 1,57 millones, un 9,2 % más que en 2025.
Las marcas propias encuentran espacio
La búsqueda de una mejor ecuación entre precio y beneficio también abre oportunidades para las marcas propias, es decir, aquellas desarrolladas o comercializadas bajo las marcas de los propios retailers.
Según el estudio, ocho de cada diez paraguayos conocen este tipo de productos y siete de cada diez ya los compraron. Su peso en ventas alcanzó el 1,9 % a junio de 2026.
Larrosa indicó que estas marcas vienen ganando posicionamiento, recordación y prueba, particularmente en productos de consumo básico. Los panificados muestran una penetración importante, mientras que categorías como aceites, harinas y azúcar también vienen desarrollándose con fuerza.
Este comportamiento coincide con otro fenómeno detectado por el estudio: el consumidor amplió considerablemente los lugares en los que realiza sus compras. En promedio, visita 4,55 puntos de venta, frente a 4,35 en 2025 y apenas 2,02 en 2019.
Supermercados, farmacias, despensas, comercios de cercanía, mayoristas, autoservicios y otros formatos forman parte de una ruta en la que el comprador distribuye sus compras buscando la opción que considera más conveniente.
Las promociones también ocupan un lugar central. El reintegro, con 73 %, aparece como la modalidad más recordada, utilizada y preferida, seguido por los días de descuento, con 65 %, y las promociones 2x1 o 3x2, con 60 %.
Ahorrar en unas cosas para gastar en otras
Pero quizás uno de los hallazgos más interesantes aparece cuando se observa en qué decide gastar ese consumidor que presta tanta atención al precio.
Mientras crece la racionalidad en las compras cotidianas, determinadas categorías premium o relacionadas con el bienestar muestran importantes avances. Entre ellas aparecen los yogures proteicos y griegos, quesos premium, vinos de segmentos superiores, barras proteicas, dermocosmética, chocolates con mayor contenido de cacao y alimentos premium para mascotas.
Para Larrosa, no existe necesariamente una contradicción. La mayor variedad de productos y presentaciones permitió incorporar nuevas alternativas a la canasta, mientras que cuestiones como la alimentación saludable, el cuidado personal, la sustentabilidad y la calidad de vida comenzaron a tener mayor relevancia en las decisiones.
“Hoy hay un consumidor mucho más predispuesto a gastar justamente en bienestar”, resumió.
Esa búsqueda se extiende más allá de la alimentación. El estudio identifica interés por formas de movilidad más sostenibles, mayor importancia de las mascotas dentro del presupuesto familiar, cambios en los hábitos relacionados con el alcohol y una búsqueda de experiencias vinculadas al ocio, los viajes y el descanso.
De hecho, el 81 % de los hogares consultados afirma tener mascotas, mientras que, entre quienes las poseen, el gasto promedio ronda los G. 181.000 mensuales. A su vez, un 59 % declara comprar alimentos premium o especiales para ellas.
Un consumidor más estratégico
¿Significa entonces que el consumidor paraguayo perdió capacidad de compra o que simplemente se volvió más sofisticado?
Para Larrosa, los resultados apuntan principalmente hacia lo segundo. “Estamos enfrentando a un consumidor mucho más estratégico”, afirmó. Hoy existe mayor información sobre productos, servicios, canales, promociones y ofertas, lo que permite tomar decisiones con mayor conocimiento. Al mismo tiempo, persiste la aspiración de acceder a productos sustentables, mejores experiencias y una mayor calidad de vida, aunque siempre dentro de las posibilidades económicas de cada hogar.
Ese cambio también plantea un desafío para las empresas. Ya no sería suficiente competir únicamente mediante precio o promociones. El consumidor espera encontrar conveniencia, variedad, comodidad y una experiencia que justifique su elección.
Para el gerente general de CCR Paraguay, las marcas y los retailers necesitan adaptarse a esta nueva dinámica y colocar al consumidor en el centro de sus decisiones. “Si nosotros no tenemos una lectura para trabajar nuestras marcas, no solo sustentada en precios, sino en calidad de producto y en vivencia, nos va a costar mucho poder avanzar”, sostuvo.
Vivir mejor, pero con criterio económico
Las nuevas decisiones de consumo muestran a un paraguayo más consciente, informado y selectivo: presta mayor atención a lo que come y al medioambiente, incorpora productos vinculados a la salud, destina recursos a sus mascotas, reconsidera sus hábitos, evalúa alternativas de movilidad, selecciona cuándo y cómo viajar y posterga determinadas decisiones familiares.
Sin embargo, existe un límite que atraviesa todas esas aspiraciones: “la conciencia avanza, pero el bolsillo ordena”.
Larrosa considera que esa frase resume tanto el presente como lo que puede esperarse del consumidor en el corto plazo.
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