La producción de miel de caña en Arroyos y Esteros busca dejar atrás su perfil artesanal y avanzar hacia una etapa de mayor escala y valor agregado. Los productores nucleados en la Comisión de Productores de Miel de Caña de Arroyos y Esteros movilizan actualmente más de 6.000 litros semanales, equivalentes a unos 24.000 a 25.000 litros mensuales, con una parte importante destinada a productos vinculados al programa Hambre Cero.
César Daniel Insfrán López, tesorero de la organización, explicó que la asociación provee la materia prima a una empresa adjudicada para abastecer al programa de alimentación escolar. La miel se utiliza para elaborar productos derivados como tortitas, dulces y preparaciones con maní, que posteriormente son distribuidos en escuelas y colegios de distintas zonas.
“Estamos dando semanalmente más de 6.000 litros”, señaló Insfrán, quien aclaró que los productores también mantienen otros canales comerciales, por lo que la demanda de Hambre Cero no constituye el único destino de la producción.
Entre los compradores se encuentra Dulcería La Isteña, que utiliza la miel como insumo para elaborar productos que luego son comercializados a otros fabricantes y comercios. Además, cada integrante de la organización mantiene sus propios clientes, generando una red de comercialización que permite colocar la producción durante todo el año.
La actividad tiene una historia de más de cuatro décadas en la zona. Insfrán relató que su padre y su abuelo comenzaron a producir miel de caña alrededor de 1980, luego de adquirir un pequeño equipo de molienda.
En los primeros años, la actividad estaba vinculada principalmente a la elaboración de productos derivados de la caña y llegó a reunir a más de 100 pequeñas industrias en la zona durante la década de 1980.
Con el paso del tiempo, los productores fueron incorporando mejoras para elevar la calidad del producto, principalmente mediante procesos de filtrado, cocción y eliminación de impurezas. El objetivo fue obtener una miel con mejores características para el embotellado y para su utilización como materia prima industrial.
Actualmente, la organización cuenta con 16 socios vitalicios y también incorpora a nuevas generaciones vinculadas a las familias productoras.
El principal proyecto de la asociación es una planta de envasado que actualmente se encuentra en construcción en un terreno propio de la organización. La infraestructura se ejecuta mediante un subproyecto del Programa de Inserción Agraria (PIMA), con participación del Ministerio de Agricultura y Ganadería.
La obra comenzó recientemente y la expectativa es recibirla llave en mano antes de finalizar el año. La instalación contará con equipamiento para facilitar el procesamiento y envasado, aunque la capacidad definitiva todavía dependerá de las características de las máquinas que serán incorporadas.
El proyecto apunta a resolver uno de los principales desafíos actuales: pasar de vender la miel principalmente como materia prima a desarrollar un producto con marca propia.
“Nuestra idea es tener una planta propia a través de la asociación y empezar a embotellar y distribuir nacionalmente”, explicó Insfrán.
El objetivo posterior es avanzar hacia la exportación, una posibilidad que hoy aparece como una meta de mediano plazo a partir del fortalecimiento de la capacidad industrial.
La caña define el rendimiento
El negocio depende directamente de la disponibilidad y calidad de la caña dulce. Los productores trabajan con materia prima proveniente de sus propias parcelas y también acopian materia prima de agricultores de la zona y de otros proveedores.
La temporada de mayor rendimiento se concentra entre agosto y diciembre, cuando la caña alcanza una mayor concentración de azúcar. Según explicó Insfrán, dependiendo de la variedad, la calidad y las condiciones climáticas, entre 1.900 y 2.300 kilos de caña dulce pueden generar aproximadamente 200 litros de miel.
Las variedades utilizadas incluyen materiales provenientes de programas genéticos de Brasil y otras zonas, además de la variedad San Pablo, de buena adaptación en la zona.
El clima, sin embargo, puede modificar significativamente el resultado. Un exceso de lluvias puede reducir la concentración de azúcar de la caña y, en consecuencia, disminuir el volumen de miel obtenido por tonelada de materia prima.
Con una demanda que ya permite colocar decenas de miles de litros mensuales y una nueva planta en camino, los productores buscan transformar una actividad tradicional de Arroyos y Esteros en una cadena con mayor capacidad industrial, marca propia y, eventualmente, presencia en mercados internacionales.