Para Martha Coronel, economista senior y analista de la consultora Mentu, uno de los principales condicionantes del crecimiento a largo plazo es la alta informalidad laboral. En Paraguay, más de la mitad de los trabajadores fuera del sector agropecuario se desempeña en condiciones informales, lo que limita el acceso a la seguridad social y a mecanismos de ahorro previsional.
“El 58% de la población ocupada que no trabaja en el sector agropecuario se encuentra en la informalidad”, advirtió.
Más allá del impacto inmediato, la economista plantea que este fenómeno tiene consecuencias estructurales. Si no se corrige, una gran proporción de la población llegará a la edad de retiro sin cobertura previsional, lo que trasladará la presión al Estado y pondrá en tensión la sostenibilidad del sistema social.
Si bien Paraguay aún cuenta con una población relativamente joven, el desafío no está en la demografía en sí, sino en la calidad del empleo actual. La falta de formalización hoy puede convertirse en un problema mayor en el futuro, cuando aumente la proporción de adultos mayores sin ingresos propios.
Otro punto clave que se desprende tanto del informe internacional como del análisis local es el capital humano. Coronel sostiene que el debate no debe centrarse únicamente en qué carreras universitarias fomentar, sino en alinear la formación con los sectores estratégicos que el país busca desarrollar. Esto implica una visión más integral, donde la educación técnica tenga un rol central en la estructura productiva.
“Más allá de qué carreras, lo que habría que ver es qué sectores queremos potenciar y, en base a eso, capacitar”, señaló.
En esa línea, enfatiza que el desarrollo no depende exclusivamente de profesionales universitarios, sino también de trabajadores técnicos capacitados que puedan sostener y acompañar los procesos productivos en distintos niveles.
A estos desafíos se suma la necesidad de avanzar en infraestructura, pero no de manera aislada. Según Coronel, el país debe priorizar proyectos que respondan a una estrategia clara de desarrollo territorial y productivo, evitando inversiones desarticuladas y sin una dirección definida.
Finalmente, también persiste una brecha importante dentro de sectores clave como el agro. Si bien Paraguay cuenta con segmentos altamente tecnificados, todavía existe un amplio sector de productores familiares con bajos niveles de productividad, lo que limita su capacidad de generar ingresos sostenibles y reinvertir en mejoras.
En línea con las conclusiones de la OCDE, el desafío para Paraguay no pasa solo por crecer, sino por hacerlo con bases más sólidas. Reducir la informalidad, fortalecer el capital humano y definir un rumbo estratégico serán factores determinantes para sostener la competitividad en el mediano y largo plazo.