Esta es una de esas historias que no nacen con la idea de crear un negocio, sino de un corazón que necesita volver a encontrar un motivo para levantarse cada mañana y sonreírle a la vida. Y ese, precisamente, es este caso.
María Pascuala González, una mujer de 76 años y creadora del emprendimiento Creaciones Pascuala, decidió regresar a una pasión que había dejado atrás durante años después de perder a su esposo hace siete meses. Todo comenzó como una forma de ocupar el tiempo y aliviar el dolor, y luego se convirtió en un negocio artesanal que ya vende en todo el país a través de las redes sociales.
Durante su juventud, Pascuala se dedicó a la confección de prendas de vestir. Cosía blusas, camisas y pantalones, hasta que la enfermedad de su marido la llevó a dejar completamente esa actividad para acompañarlo. Años después, ya enfrentando su ausencia, volvió a sentarse frente a la máquina de coser, aunque esta vez para crear otro tipo de productos.
Hoy confecciona bolsos, cartucheras, individuales, fundas y diversos artículos de tela desde la tranquilidad de su hogar en San Lorenzo, donde trabaja completamente sola mientras el resto de su familia sale a cumplir con sus actividades.
“Después de que falleció mi marido, emprendí. Probé y probé mirando YouTube, y ahora hago todos estos trabajos”, relató.
Pero el verdadero impulso para que sus creaciones llegaran a más personas vino de la mano de su nieta, Sandra Palacios, de 23 años.
Consciente de que su abuela no se llevaba bien con la tecnología, Sandra creó las redes sociales de Creaciones Pascuala, comenzó a fotografiar los productos y a publicarlos en Instagram.
Desde entonces, los pedidos no dejaron de crecer.
“Desde que mi nieta empezó a publicar, tuve muchísimos pedidos. Hasta me falta tiempo porque trabajo sola, pero hago todo lo que me encargan”, comentó emocionada a InfoNegocios.
Actualmente, los productos se envían mediante delivery o encomienda a distintas localidades del país. Entre los artículos más solicitados se encuentran los bolsones de tela y las cartucheras, cuyos precios comienzan en alrededor de G. 35.000, dependiendo del tamaño y el diseño.
Sin embargo, detrás de cada costura hay una historia mucho más profunda que la de un emprendimiento exitoso.
Pascuala reconoce que volver a crear fue también una forma de enfrentar el vacío que dejó la partida de su esposo.
Las horas que antes se hacían interminables hoy transcurren entre telas, hilos, moldes y nuevos pedidos. Cada pieza terminada representa un pequeño paso para reconstruir una rutina que el duelo había detenido.
“Me ayuda bastante porque no pienso. Es una situación difícil, pero hacer estas cosas me hace pasar el tiempo y me siento demasiado bien”, confesó.
Aunque ella misma admite que las redes sociales y la tecnología le resultan complicadas, encontró en el apoyo de su nieta el complemento perfecto: una aporta la experiencia, la paciencia y el talento para confeccionar cada producto; la otra acerca ese trabajo a cientos de personas a través de internet.
Más que un emprendimiento, Creaciones Pascuala es el reflejo de cómo el cariño familiar, la creatividad y la perseverancia pueden abrir nuevas oportunidades, incluso cuando la vida parece haberse detenido. A los 76 años, María Pascuala demuestra que nunca es tarde para empezar de nuevo.