La apertura estuvo a cargo del director general de Asuntos Consulares de la Cancillería paraguaya, Carlos Vera, quien sostuvo que la integración fronteriza es una herramienta concreta para fortalecer vínculos y resolver desafíos comunes. Destacó avances en la facilitación del tránsito de personas, el comercio y el transporte, además de la articulación comercial y productiva.
Desde una óptica económica, esos puntos son clave para reducir costos operativos, agilizar despachos y mejorar la competitividad de las empresas de ambos lados de la frontera.
“Es necesario continuar fortaleciendo la infraestructura, la seguridad y el control integrado, y promover un desarrollo fronterizo sostenible. Estos son factores sensibles para el flujo de mercaderías, especialmente en pasos que conectan centros productivos y de consumo regionales”, remató.
El jefe de la delegación argentina, Rolando Popovich, valoró la iniciativa del Gobierno paraguayo para retomar estos espacios de diálogo y cooperación. Subrayó la importancia de modernizar los Comités de Integración y de fortalecer la participación de autoridades y comunidades locales, de modo que permitan abordar problemas y oportunidades propias de las zonas fronterizas.
“Para el comercio exterior, esa mayor coordinación puede traducirse en menos demoras, mayor previsibilidad y mejores condiciones para invertir en logística y servicios”, subrayó.
En la jornada de ayer, correspondiente al Comité Falcón-Clorinda, se desarrollaron cinco mesas de trabajo sobre facilitación fronteriza, infraestructura, comercio y producción, cultura y educación, y desarrollo fronterizo y social. Mañana le tocará el turno al Comité Alberdi-Formosa, para dar continuidad al diálogo binacional.
La agenda refleja que la relación económica entre Paraguay y Argentina no solo se juega en grandes acuerdos macro, sino también en la gestión diaria de pasos, controles y obras. La reunión fue producto de las quejas de las autoridades locales por los cierres fronterizos ordenados por el Gobierno de Javier Milei, que perjudicaban a comerciantes y estudiantes que requerían movilidad fronteriza.
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