“Necesitamos un pacto social, una especie de constitución tecnológica que establezca cómo vamos a encarar estas cuestiones dentro del Estado, cuáles serán los modelos de negocio aceptables y cómo interpretaremos las tecnologías que vienen de corporaciones extranjeras”, señaló Benítez, quien además consideró que la IA ya está modificando la relación entre los Estados y el sector privado en todo el mundo.
El referente de Sopaia explicó que países y bloques como Europa avanzan hacia regulaciones centradas en las personas, mientras que Estados Unidos y China siguen modelos en los que el Estado y las grandes empresas tecnológicas concentran una mayor influencia. En ese contexto, propuso que Paraguay defina una estrategia propia basada en la soberanía tecnológica y la protección de derechos.
Respecto a la posibilidad de que Paraguay se convierta en un hub regional de inteligencia artificial, Benítez consideró que el objetivo resulta difícil de alcanzar en las condiciones actuales. Comparó los proyectos anunciados en Brasil y Argentina con las iniciativas locales y destacó la diferencia de escala en inversiones, consumo energético y desarrollo tecnológico.
“Brasil juega en otra liga. El proyecto de Río de Janeiro arrancó con 1,5 GW y apunta a llegar a 3 GW. El proyecto paraguayo comienza con 10 MW y, con suerte, podría alcanzar 1 GW”, explicó.
Además de la disponibilidad de energía eléctrica, identificó dos obstáculos clave: la infraestructura de telecomunicaciones y la formación de recursos humanos.
Según el especialista, Paraguay todavía no cuenta con la red de fibra óptica necesaria ni con suficientes conexiones a las rutas internacionales de datos para competir con otros mercados de la región.
El secretario de Sopaia remarcó que la principal debilidad se encuentra en el capital humano. Sostuvo que la soberanía tecnológica no puede lograrse únicamente mediante inversiones en infraestructura y que el país necesita desarrollar capacidades técnicas propias para operar, gestionar y crear tecnología.
“Si no tenés capacidad local, no tenés soberanía sobre eso”, subrayó.
También cuestionó el ritmo de formación de especialistas en el país y mencionó que Paraguay produjo apenas una veintena de doctores en informática durante los últimos 15 años.
Para revertir esta situación, propuso aumentar significativamente la inversión en educación e investigación. A su criterio, el país debería destinar cerca del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) a educación, abarcando desde los niveles básicos hasta la investigación científica avanzada.
Consideró que solo una estrategia sostenida durante décadas permitirá generar el ecosistema tecnológico necesario para aprovechar proyectos de inteligencia artificial.
Benítez también tomó como referencia el caso de Taiwán, país que construyó durante décadas un sistema educativo y científico orientado al desarrollo tecnológico. Explicó que el éxito taiwanés no surgió únicamente de la informática, sino también de la formación de especialistas en áreas como matemática, física, química e ingeniería, disciplinas fundamentales para industrias de alto valor agregado, como la fabricación de semiconductores.
Finalmente, el especialista cuestionó la capacidad del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (MITIC) para liderar proyectos de gran escala vinculados a la inteligencia artificial. Además, argumentó que la combinación de áreas de comunicación y tecnología dentro de una misma estructura limitó su desempeño desde la creación de la entidad.
Para Benítez, Paraguay debe priorizar la construcción de capacidades humanas, institucionales y tecnológicas antes de apostar por proyectos que busquen posicionar al país como referente regional en inteligencia artificial. De lo contrario, advirtió, las inversiones podrían no traducirse en desarrollo sostenible ni en una verdadera soberanía digital.