Según el relevamiento, desde el inicio del conflicto entre Israel e Irán (y los bombardeos previos de Estados Unidos), la nafta subió 37% en Perú, 24% en Chile y 22% en Argentina, mientras que en Paraguay el aumento fue de apenas 16%. En el caso del diésel, las alzas fueron aún más pronunciadas: Chile registró 45%, Perú 43%, Argentina 29% y Brasil 23%, frente a un 14% en Paraguay.
Marcelo Benítez, director de Combustibles del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), explicó que la menor incidencia en los surtidores locales responde a dos factores. “Por un lado, el sector de combustibles nacional se stockeó a tiempo”, señaló.
Según Benítez, muchos importadores anticiparon compras para evitar los efectos de la bajante del río Paraguay, que ralentiza la circulación de barcazas, y también como resguardo ante el estallido bélico. “Vino este tema de Irán e Israel y creo que pudimos ser resilientes”, agregó el funcionario.
El segundo factor es la incorporación de biocombustibles en la mezcla técnica. “Dentro de la composición de nuestros combustibles tenemos introducidos biocombustibles. Para las naftas y gasolinas de comercialización, tenemos una introducción muy importante del alcohol, que es de producción local y va amortiguando los precios a nivel local”, detalló Benítez.
Esa estrategia local contrasta con la dependencia casi total de derivados de petróleo importados que tienen otros países de la región.
A pesar de la estabilidad relativa, el director del MIC reconoció que los precios internacionales no dejan de presionar. “El gasoil tuvo una variación de entrada al shock del 20% y, en promedio, a la fecha acumulamos un 50% con respecto al prebombardeo de Estados Unidos a Irán. Las naftas, un 30%”, precisó.
Sin embargo, gracias al stock previo y al uso de alcohol local, el mercado nacional logró amortiguar los picos que sí golpearon con fuerza a los vecinos. En un contexto en el que el barril de petróleo y sus derivados siguen volátiles, Paraguay demuestra que la planificación logística y el impulso a los biocombustibles pueden marcar la diferencia entre una crisis de precios y una suba administrable.