El conflicto en Irán se desató hace poco más de un mes tras una escalada de tensiones en Medio Oriente que derivó en enfrentamientos directos y un aumento significativo del riesgo geopolítico en una de las principales regiones productoras de petróleo del mundo.
El escenario internacional dio un giro que empieza a trasladarse, de forma directa e indirecta, a economías como la paraguaya. Más allá de la distancia geográfica, el impacto se canaliza a través de variables como el precio del petróleo, las tasas de interés en dólares y los flujos de capital hacia mercados emergentes.
En conversación con InfoNegocios, el economista Wildo González afirmó que uno de los primeros efectos del conflicto fue desarmar las expectativas que predominaban en los mercados antes de la escalada. “Antes del conflicto, se esperaba que las tasas en dólares se redujeran en línea con los recortes de la FED que los mercados financieros internacionales anticipaban en ese momento”, señaló. El aumento de la incertidumbre global cambió ese escenario, alejando la posibilidad de una baja en el costo del financiamiento externo.
Otra variable que se sintió a nivel global —y el país no fue la excepción— es el encarecimiento del petróleo. En Paraguay, esto implica un deterioro en los términos de intercambio comercial, ya que los precios de importación —especialmente combustibles— suben más rápido que los de exportación. “Esto nos trasladó de un escenario en el que se esperaba una apreciación del guaraní a uno en el que las probabilidades apuntan a una posible depreciación del tipo de cambio”, agregó.
Primero se sintió en los combustibles
El primer canal de impacto se empieza a ver en los combustibles, con efectos que ya se reflejarían en la inflación de marzo. Posteriormente, esta suba se trasladaría a otros bienes de la canasta que conforman el IPC, lo que, a su vez, con el paso de los meses, llevará a que las empresas trasladen el alza de costos a sus precios finales, tanto por el efecto directo del combustible como por su incidencia en el costo de los insumos que utilizan.
“La intensidad de este traspaso dependerá en gran medida de cuánto tiempo los precios del petróleo se mantengan en los niveles actuales y de cuánto pesa el combustible en la estructura de costos de cada sector”, aclaró el economista.
La semana pasada marcó un nuevo hito para el precio de este commodity: los futuros del crudo West Texas Intermediate superaron los US$ 102 por barril, su nivel más alto desde julio de 2022.
Ajuste en las proyecciones
En paralelo, el conflicto introduce un sesgo negativo sobre las expectativas de crecimiento. A nivel global, se proyecta una revisión a la baja para 2026, y Paraguay difícilmente quede al margen de este contexto. En este sentido, el shock externo, además de impactar en los precios, también lo haría en la actividad económica.
Este nuevo escenario también podría modificar el rumbo de la política monetaria local. Según González, se pasa de un contexto donde se esperaban recortes en la tasa de política monetaria a uno en el que el Banco Central del Paraguay podría verse obligado a endurecer su postura para contener presiones inflacionarias.
En el frente fiscal, el efecto es menos claro. Por un lado, una menor actividad podría afectar la recaudación; por otro, una mayor inflación podría sostenerla en términos nominales, atendiendo a que nuestra estructura tributaria está mayormente concentrada en impuestos al consumo. El balance final dependerá de cuál de estos efectos predomine.
¿Qué pasará con las inversiones?
Otro de los factores clave es el comportamiento de los mercados financieros. En contextos de alta incertidumbre, se activa el flight to safety, donde los inversores migran hacia activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense. Esto implica una mayor aversión al riesgo hacia economías emergentes, lo que podría traducirse en menor flujo de capitales y un encarecimiento del financiamiento externo para países como Paraguay.
En cuanto a la posición del país frente a este shock, el economista advirtió que Paraguay se encuentra relativamente más expuesto. A pesar de avances recientes, como la emisión de bonos en guaraníes en el mercado internacional para reducir riesgos cambiarios, el actual déficit de cuenta corriente y un menor margen fiscal limitan la capacidad de respuesta ante un escenario de precios elevados de la energía.
“Dentro de todo, no es una situación crítica, pero sí exige que tanto la política monetaria como la fiscal sean más activas y coordinadas para minimizar su impacto”, concluyó.