La leche que llega a las escuelas podría tener una segunda vida una vez que termina en el vaso de los estudiantes. Esa es la premisa de la propuesta “Hambre Cero → Residuo Cero”, presentada por la Cámara Paraguaya de Industriales Lácteos (Capainlac), que busca incorporar la economía circular y la gestión de residuos al programa de alimentación escolar.
La iniciativa fue presentada en el marco del Día Mundial de la Leche Escolar, durante un encuentro que reunió a autoridades nacionales, gobernadores, representantes del sector lácteo, sociedades científicas y organismos internacionales. El objetivo es llevar la discusión más allá de la provisión de alimentos y avanzar hacia un sistema que también contemple qué sucede con los envases después de su consumo.
“Lo que hoy le falta al programa Hambre Cero es el control de residuos. Tenemos que sentarnos a una mesa para poder diagramar ese proceso”, explicó Lourdes Torres, gerente de Capainlac.
La propuesta todavía se encuentra en etapa de diseño y contempla definir cómo se realizará la recolección de los envases desde las escuelas, su traslado a centros de acopio y su posterior derivación a plantas recicladoras. Torres señaló que aún deben determinar cuál será el esquema operativo más adecuado y qué actores participarán en cada etapa.
Uno de los avances que facilita el planteamiento es que actualmente existe en el país capacidad para reciclar envases de cartón aséptico, conocidos como Tetra Pak. Según explicó Torres, ya existe una planta que procesa este tipo de materiales, aunque todavía falta articular el circuito para que los envases utilizados en las escuelas lleguen correctamente hasta los centros de acopio y reciclaje.
En paralelo, Capainlac ya trabaja junto con Tetra Pak y el Ministerio de Educación y Ciencias en acciones de educación ambiental. Entre ellas se encuentran actividades en escuelas mediante las cuales se enseña a los estudiantes el proceso básico para preparar los envases: “Tomar, aplastar y guardar”, resumió Torres.
La intención es que esta educación trascienda el envase de leche y permita incorporar hábitos de clasificación y reciclaje en las comunidades educativas. “Hay miles de residuos que pueden ser reciclados en la escuela, inclusive en la casa”, sostuvo.
El planteamiento se suma al impacto económico que ya genera la leche escolar dentro de la cadena productiva. De acuerdo con los datos presentados por Capainlac, el programa moviliza G. 228.000 millones anuales, equivalentes a unos US$ 38 millones, con recursos de origen 100% nacional.
De ese monto, G. 114.000 millones se destinan directamente a la agricultura familiar rural, generando ingresos previsibles para los productores y movimiento económico para actividades vinculadas al transporte, talleres mecánicos, gomerías y otros servicios en los 17 departamentos.
El sector también plantea complementar Hambre Cero con una mayor educación alimentaria y nutricional en las aulas, utilizando la leche escolar como herramienta para promover hábitos saludables.
Para Capainlac, el desafío ahora pasa por transformar las propuestas en acciones concretas. Torres adelantó que deberán sentarse con el Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Educación y otros actores involucrados para definir responsabilidades, logística y mecanismos de recolección.
Así, el vaso de leche podría convertirse en el punto de partida de un circuito más amplio: producción nacional, alimentación escolar, educación nutricional, educación ambiental y recuperación de residuos para volver a convertirlos en materia prima.