Durante varios años realizó ilustraciones arquitectónicas como parte de su trabajo profesional, elaborando planos, presentaciones de proyectos y visualizaciones de interiores. Sin embargo, la idea de retratar el centro histórico llevaba tiempo rondando en su cabeza.
“En febrero me organicé y durante todo el mes armé un recorrido en bici por las calles. Fui trazando un itinerario por varias partes del barrio, por distintos sectores, sacando fotos solamente de las casonas deterioradas. Tenía más de 3.000 fotos; no necesariamente 3.000 casas deterioradas, pero sí 3.000 fotos, las cuales obviamente tuve que filtrar muchísimo, porque iba sacando casas que estaban muy mal, o casas medio lindas pero mal, no tan mal, y así. Después volví a filtrar, fui ordenando por barrio y quería trabajar de esa manera. Empecé por el barrio La Encarnación, pero al final eran otra vez unas 300 obras más o menos”, detalló.
Para González, el proyecto nació como una forma de canalizar una sensación compartida por muchos arquitectos: la frustración de ver cómo numerosas propuestas de revitalización del centro nunca llegan a concretarse. “Durante la carrera hacíamos muchos proyectos para recuperar el casco histórico y siempre existían ideas, iniciativas y propuestas, pero nunca terminaban haciéndose realidad. La ilustración apareció como otra manera de hacer arquitectura”, expresó.
Más que representar edificios, sus obras buscan generar una conversación sobre el patrimonio urbano. El arquitecto sostiene que muchas de las construcciones más valiosas de Asunción pasan completamente desapercibidas. “Hay muchísimas casas hermosas que la gente ni siquiera mira porque están escondidas o muy deterioradas. Si uno empieza a prestar atención, descubre un patrimonio increíble”, afirmó.
Precisamente por eso, sus ilustraciones están cargadas de colores intensos y detalles cuidadosamente resaltados. Lejos de intentar mostrar cómo deberían restaurarse esos edificios, el objetivo es atraer la mirada del espectador hacia elementos que normalmente pasan inadvertidos.
Cada ilustración incorpora, además, elementos propios del paisaje paraguayo, como especies de flora y fauna local, junto con escenas cotidianas que permiten que cualquier persona pueda identificarse con la obra. “Me gusta incluir imágenes muy nuestras para que quien vea la ilustración pueda reconocerse en ella y también sentirse parte de esa ciudad”, comentó.
Aunque comenzó a publicar sus ilustraciones recién en marzo, el artista reconoció que nunca imaginó la respuesta que recibiría del público. “La repercusión fue mucho más rápida de lo que esperaba. Pero lo que más me alegra no es que gusten los dibujos, sino que la gente entienda el proyecto y empiece a hablar sobre la importancia de preservar el patrimonio”, señaló.
Actualmente, las obras de Chebo González pueden encontrarse en distintos espacios culturales y comerciales, como Lina's Coffee, en San Lorenzo, al lado del campus de la UNA; El Rincón de Lo Nano, en el microcentro de Asunción; Urucú Artesanía Urbana, en Lambaré; y Kumakú, marketplace España.