Según la especialista, “cuando una persona atraviesa situaciones de estrés o tensión, el cuerpo entra en un estado de alerta, tensa los músculos implicados en la producción vocal y también se modifica la respiración. A su vez, cambia la forma en que se coordinan las cuerdas vocales, ya que el aire pasa por ellas haciéndolas vibrar para producir la voz”.
Estas alteraciones se reflejan rápidamente en la forma de hablar. La voz puede sonar más rígida, más aguda o menos estable. En algunos casos también se vuelve más débil o requiere mayor esfuerzo para proyectarse con claridad. Durante períodos de tensión emocional es frecuente que aparezcan ciertos cambios vocales que funcionan como señales de alerta. Entre los más comunes se encuentran la voz tensa, más aguda de lo habitual, con menor volumen o con una sensación de esfuerzo al hablar.
También pueden presentarse síntomas como fatiga vocal, sensación de garganta apretada o dificultad para proyectar la voz de manera natural. “Muchas personas sienten que la voz ya no les responde igual que antes, y eso suele ser un indicador de que el cuerpo está atravesando un momento de tensión”, señaló la especialista.
Esto ocurre porque el estrés incrementa la tensión en los músculos del cuello, la laringe y el sistema respiratorio, estructuras que cumplen un rol fundamental en la producción vocal. Cuando estos músculos se encuentran contraídos o sobrecargados, la voz pierde fluidez y estabilidad. Otros síntomas que pueden alertar sobre un problema vocal asociado al estrés incluyen la aparición de ronquera frecuente, la necesidad constante de carraspear, el cansancio al hablar o la dificultad para sostener la voz durante períodos prolongados.
Bordón recomendó prestar atención cuando estos cambios se vuelven persistentes. “Si la voz cambia de forma sostenida, se vuelve más débil, más tensa o pierde claridad, lo ideal es consultar con un profesional para evaluar la situación e intervenir a tiempo”, afirmó.
Si bien cualquier persona puede experimentar alteraciones vocales relacionadas con el estrés, existen profesiones especialmente vulnerables porque utilizan la voz como principal herramienta de trabajo. “Son aquellas que utilizan la voz como herramienta principal de trabajo, por ejemplo docentes, periodistas, locutores, actores de teatro, cantantes o guías turísticos. En estos casos la voz está expuesta a una alta demanda vocal y, si a eso se suma estrés, presión laboral o falta de descanso vocal, es más probable que aparezcan alteraciones como disfonía o fatiga vocal”, explicó.
Para la fonoaudióloga, el cuidado de la voz debería formar parte de la rutina profesional de quienes dependen de ella para trabajar. “Así como un deportista entrena su cuerpo para rendir mejor y prevenir lesiones, los profesionales de la voz también deberían entrenarla y aprender a cuidarla”, indicó. El entrenamiento vocal, la respiración adecuada y la conciencia corporal son aspectos clave para sostener la calidad vocal en el tiempo y evitar sobrecargas.
Además de los aspectos físicos, la voz también funciona como una expresión directa del estado emocional de las personas. Cuando alguien atraviesa momentos de sobrecarga emocional, el cuerpo tiende a acumular tensión, especialmente en zonas como el cuello, los hombros y la laringe. Esa tensión puede provocar que la voz suene más aguda, más rígida o incluso más débil. “Esto demuestra que la voz no es solamente un fenómeno físico. También es una forma de expresar cómo nos sentimos”, explicó Bordón.
En ese sentido, aprender a reconocer los cambios en la voz puede ser una herramienta útil para detectar niveles elevados de estrés y buscar formas de regularlo. La especialista destacó que existen varios hábitos cotidianos que ayudan a mantener una voz saludable. Uno de los más importantes es la hidratación, ya que las cuerdas vocales necesitan un nivel adecuado de humedad para vibrar correctamente. Esta hidratación puede lograrse tanto de forma indirecta, bebiendo suficiente agua durante el día, como mediante hidratación directa, por ejemplo con nebulizaciones.
También es fundamental evitar el esfuerzo vocal excesivo, descansar la voz cuando aparece fatiga y mantener una postura corporal adecuada al hablar. Los movimientos suaves del cuello pueden ayudar a liberar tensiones acumuladas en la zona. Otros cuidados importantes incluyen evitar alimentos irritantes y proteger el sistema respiratorio de cambios bruscos de temperatura, como la exposición directa a aire muy frío o muy caliente.
Uno de los pilares para cuidar la voz y al mismo tiempo reducir el estrés es la respiración. Cuando la respiración se vuelve superficial o acelerada, el cuerpo tiende a acumular tensión, lo que repercute directamente en la producción vocal.
Por eso, Bordón recomendó incorporar ejercicios de respiración consciente que ayuden a regular el ritmo respiratorio y mejorar la estabilidad de la voz. “Una de las técnicas más recomendadas es realizar ejercicios de respiración y emitir una ‘S’ prolongada durante períodos breves. También son muy útiles los ejercicios de respiración consciente, donde se busca inhalar de forma lenta y profunda y exhalar de manera controlada, con pausas. Este tipo de prácticas no solo ayudan a regular el estrés, sino que también mejoran la calidad y la estabilidad de la voz”, sugirió Bordón.