Para el comunicador Mario Ferreiro, los Beatles fueron, ante todo, un terremoto comercial y económico que sacudió los cimientos de una industria del entretenimiento que hasta entonces funcionaba con reglas muy diferentes. En su momento, las cifras que manejaban resultaban extraordinarias y, vistas con perspectiva histórica, sentaron las bases del negocio musical moderno, aunque hoy, comparadas con los megacontratos de la industria actual, parezcan casi modestas.
Uno de los legados menos destacados, pero más perdurables de la banda, fue su papel en la reinvención del negocio de los derechos de autor. Ferreiro recordó que, antes de ellos, la norma era clara: los grandes intérpretes, desde Elvis Presley hasta Frank Sinatra, construían sus carreras cantando temas compuestos por terceros. Eran voces privilegiadas, pero no creadores.
Los Beatles rompieron ese molde al establecer la figura del cantautor moderno. Lennon y McCartney, como socios mayoritarios de la empresa, se aseguraron de retener los derechos de sus composiciones, una práctica que, aunque en esa época se gestionaba con mecanismos primitivos y negociaciones torpes, marcó un camino que luego seguirían Bob Dylan, Pink Floyd, King Crimson y prácticamente toda la escena del rock progresivo y sinfónico. Aquella decisión transformó la música en un negocio mucho más rentable para los artistas, porque ya no solo cobraban por interpretar, sino también por crear.
El salto cualitativo en el ámbito del marketing y el merchandising, sin embargo, no nació en Inglaterra. Allí, los Beatles eran una banda popular que se ganaba la vida tocando en teatros, pubs y kermeses, con ganancias muy ajustadas y una nula cultura de explotación de imagen. Fue en Estados Unidos donde descubrieron el verdadero poder del mercadeo.
La industria norteamericana, mucho más sofisticada y avispada, les propuso un abanico de productos: botas, chalecos, figuritas, series animadas y todo tipo de parafernalia. Pero aquí aparece una paradoja histórica: Brian Epstein, el mánager, era un hombre cándido y sin experiencia en ese terreno, y negoció contratos muy desfavorables. Los empresarios yanquis, con un know how muy superior, se quedaron con la parte del león de las ganancias durante décadas.
Los Beatles fueron pioneros del merchandising masivo, pero no quienes disfrutaron plenamente de sus frutos. Aun así, abrieron la puerta para que todos los que vinieron después supieran cómo jugar ese juego.
Para entender la magnitud de su impacto comercial, hay que contextualizar la industria musical de la época. Los Beatles irrumpieron en un momento de ebullición tecnológica. El vinilo, tal como lo conocemos, apenas llevaba una década de existencia. Antes dominaban los acetatos y los discos de 78 revoluciones, propios de la era de la vitrola.
La revolución de los 45 RPM —sencillos— y la irrupción del LP —álbum de larga duración— habían comenzado a mediados de los años 40 y principios de los 50, pero fueron los Beatles quienes explotaron ese nuevo formato de manera magistral. Publicaron en cinta abierta, en cartuchos para automóviles y en casetes, pero fue el LP de 30 centímetros, con cuatro o cinco canciones por lado, el vehículo que los llevó a la cima.
Una estrategia comercial particular los distingue de todo lo que se hace hoy: jamás incluían sus sencillos exitosos en los álbumes de estudio. El fan debía comprar por separado el simple en 45 RPM y el disco largo, una práctica que hoy parece suicida, pero que en aquel entonces potenció las ventas y creó una cultura de coleccionismo.
Finalmente, el fenómeno no fue ajeno a Paraguay. En el país hubo beatlemanía casi simultánea, aunque los discos y las películas llegaran con retraso. Testigos como Óscar Vicente Scavone relatan disturbios en los cines al no poder entrar todos los jóvenes a ver “A Hard Day's Night”.
“Mis propios hermanos, en el Barrio Jara, imitaban su vestimenta y tocaban sus temas. Estar dentro de esa ola era estar dentro del mundo, incluso en un país aislado. La prueba definitiva de su arraigo fue la visita de Paul McCartney, que convocó a todas las edades y estratos. Paraguay es, sin duda, un país más beatlemaníaco que de cualquier otro género”.
Los Beatles no solo cambiaron la música; cambiaron la economía de la cultura, y su legado, hoy estudiado desde todas las aristas, sigue indeleble en la historia.