La Resolución N° 167 establece los requisitos mínimos de identidad y calidad que deben reunir los frutos antes de llegar a los consumidores. Más allá de un aspecto meramente técnico, la normativa funciona como una referencia comercial para productores, acopiadores, distribuidores y supermercados, ya que define criterios uniformes para clasificar la fruta y facilitar las operaciones de compra y venta.
Uno de los puntos centrales del reglamento es la creación de tres categorías comerciales: Extra, Categoría I y Categoría II. La clasificación depende del estado general del fruto, su uniformidad, apariencia y los defectos permitidos.
Las sandías de categoría Extra deben presentar una calidad superior, con forma y color característicos de la variedad, prácticamente sin imperfecciones. La Categoría I admite pequeñas variaciones estéticas que no afectan la calidad del producto, mientras que la Categoría II contempla defectos más notorios, siempre que la fruta conserve sus condiciones para el consumo.
La normativa también exige que todas las sandías lleguen al mercado enteras, sanas, limpias, libres de plagas, golpes importantes o daños causados por enfermedades. Además, deben presentar un grado adecuado de madurez y desarrollo, condiciones esenciales tanto para la conservación como para la experiencia del consumidor.
Otro aspecto regulado es el calibre. El reglamento fija parámetros de peso y uniformidad dentro de cada lote, con el objetivo de que los compradores reciban productos homogéneos. También se establecen requisitos para el envasado y el etiquetado, incluyendo información sobre el origen, la categoría comercial y otros datos que facilitan la trazabilidad.
En términos económicos, la existencia de estándares comunes permite reducir diferencias de criterio entre vendedores y compradores, aporta previsibilidad a las transacciones y facilita la incorporación de la producción nacional a canales comerciales más exigentes, como cadenas de supermercados o mercados de exportación.
La fiscalización del cumplimiento de estas exigencias queda a cargo del Senave, que puede realizar controles durante las distintas etapas de comercialización para verificar que la fruta cumpla con los parámetros establecidos.
Aunque para el consumidor la diferencia pueda parecer apenas estética, detrás de una sandía bien clasificada existe un conjunto de normas que buscan dar mayor valor a la producción nacional. En un mercado donde la calidad influye directamente en el precio y en las oportunidades comerciales, estos estándares representan mucho más que un requisito técnico: son una herramienta para fortalecer la competitividad de toda la cadena frutícola paraguaya.