Karim Musálem, director de Conservación de WWF, explicó que el Pantanal es una región trinacional caracterizada por grandes áreas inundables, humedales, palmares, campos naturales y bosques que conforman un mosaico ecológico de enorme valor.
“Es una zona inundable muy grande que abarca los tres países y que constituye el humedal tropical de agua dulce más grande del mundo”, señaló.
En Paraguay, el Pantanal representa un fuerte contraste con la imagen más conocida del Chaco seco. Mientras gran parte del Chaco paraguayo suele asociarse a paisajes áridos y condiciones de sequía, esta ecorregión muestra otra cara del territorio: una zona húmeda, con mayor disponibilidad de agua y ciclos naturales de inundación que sostienen una rica biodiversidad.
Esa biodiversidad es uno de sus principales atributos. En el Pantanal paraguayo conviven más de 4.700 especies entre animales y plantas. En la zona se registran más de 350 especies de aves, entre ellas el gua’a hovy, el matico y el jacamar; alrededor de 800 especies de flora; más de 110 especies de mamíferos, como el yaguareté, el tapir y el karaja; además de peces, reptiles y anfibios que dependen de los ciclos de agua del ecosistema.
Musálem destacó también la presencia de especies emblemáticas como la nutria gigante, el oso hormiguero gigante y el tatú carreta. En el caso de la nutria gigante, señaló que el Pantanal es una de las pocas zonas del país donde todavía puede ser observada. A ello se suman yacarés, aves acuáticas, peces y una gran variedad de especies vegetales adaptadas a condiciones de inundación, sequía e incluso incendios naturales.
Una de las zonas más representativas para la conservación y observación de esta fauna es la Estación Biológica Tres Gigantes, administrada por Guyra Paraguay. Ubicada a unos 40 kilómetros de Bahía Negra, esta reserva se convirtió en un punto estratégico para la investigación, el turismo de naturaleza y la protección de especies clave del Pantanal paraguayo.
Pero la importancia del Pantanal no se limita a su valor ambiental. Este humedal cumple una función clave como regulador hídrico del río Paraguay y, por extensión, de la cuenca del Plata. Su capacidad de almacenar y liberar agua de forma natural ayuda a sostener los flujos del río incluso en épocas secas, con implicancias directas para la vida de las comunidades ribereñas, la pesca, el acceso al agua y la navegación.
“El Pantanal es un regulador del ciclo hídrico de nuestro río Paraguay y, por ende, de toda la cuenca del Plata”, afirmó Musálem. En ese sentido, remarcó que la estabilidad del sistema hídrico es una de las condiciones que permite la navegación y el movimiento de productos por la vía fluvial, una de las principales salidas del comercio exterior paraguayo.
Por eso, cualquier alteración severa del Pantanal podría tener efectos ambientales y económicos.
“Si el Pantanal desaparece, si se maneja de una manera poco sostenible o se represa, eso afectaría a la navegabilidad y al recurso hídrico también en nuestro país”, advirtió.
A este valor ambiental y económico se suma un potencial creciente para el turismo de nicho. El Pantanal paraguayo reúne condiciones para el ecoturismo, la observación de aves, el turismo científico, los safaris fotográficos, el turismo comunitario y la pesca deportiva de bajo impacto. La principal puerta de entrada es Bahía Negra, ubicada a unos 800 kilómetros de Asunción, en el extremo norte de Alto Paraguay.
El aviturismo aparece como uno de los segmentos con mayor potencial. La zona de la Estación Biológica Tres Gigantes cuenta con torres de observación y servicios orientados a investigadores, visitantes y amantes de la naturaleza. Allí, la posibilidad de observar aves, yacarés, carpinchos, jaguares y lobos de río convierte al Pantanal en un destino singular para quienes buscan experiencias de naturaleza poco masificadas.
También existen oportunidades vinculadas al turismo comunitario e indígena, con circuitos de bajo impacto que permiten conocer el estilo de vida, la artesanía y la cultura de comunidades nativas y ribereñas. A esto se suma la pesca deportiva sostenible, especialmente en zonas aledañas como Carmelo Peralta y Fuerte Olimpo, donde gana terreno la modalidad de pesca y devolución para conservar los recursos hídricos.
El acceso al Pantanal paraguayo también empieza a cambiar. Las obras de pavimentación vinculadas a la Ruta Bioceánica mejoraron la conectividad del Chaco y redujeron los tiempos de viaje hacia el norte del país. Esto abre una oportunidad para planificar mejor la llegada de visitantes, siempre que el crecimiento turístico avance con criterios de sostenibilidad, permisos adecuados, guías locales y capacidad controlada en los albergues.
La conservación de este territorio implica varios desafíos. Uno de ellos es consolidar las áreas silvestres protegidas ya declaradas, como el Parque Nacional Río Negro. Para WWF, no basta con declarar un área protegida: es necesario definir límites, resolver cuestiones legales, transferir títulos y asegurar una presencia institucional efectiva.
“Es frecuente en nuestro país que los parques o áreas silvestres protegidas sean declarados, pero no siempre se lleva adelante todo el trabajo necesario para definir los límites, concretar la transferencia de los títulos y cumplir con todo lo que implica consolidar un área silvestre protegida”, explicó Musálem.
WWF trabaja junto al Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible y otras instituciones para fortalecer la conservación del Pantanal. Además, participa en un proyecto trinacional con Bolivia, Brasil y Paraguay, orientado al intercambio de información y la coordinación sobre el manejo de los recursos hídricos.
El director de Conservación de WWF también subrayó el rol de las comunidades indígenas y de los productores que trabajan en campos naturales sin transformar el ambiente. Según dijo, existen modelos de producción ganadera que pueden convivir con la conservación, siempre que respeten los ciclos naturales del territorio.
Para Musálem, Paraguay necesita invertir más en la gestión de sus áreas protegidas, incorporar más guardaparques, fortalecer presupuestos y promover incentivos para comunidades y productores que conservan.
“Un área silvestre protegida no es solamente una declaración; es una responsabilidad de manejo, una oportunidad de educación ambiental, de ecoturismo y de generación de recursos”, afirmó.
El Pantanal es una de las áreas prioritarias para WWF no solo en Paraguay, sino en América Latina. Su conservación tiene impacto directo en la vida, la economía y el ambiente del país, pero también posee relevancia global. En otras palabras, cuidar el Pantanal paraguayo no es solo proteger un paisaje remoto del Chaco: es preservar agua, biodiversidad, comunidades, turismo sostenible y una pieza clave para el futuro ambiental y económico del país.