Sin embargo, detrás del optimismo oficial, economistas y analistas advierten sobre las aristas grises de este desempeño y cuestionan la sostenibilidad del modelo.
El dato del PIB, si bien es indiscutible en términos estadísticos, abre interrogantes que el informe oficial no responde. ¿Cuáles son los sectores que realmente están creciendo? ¿Generan empleo de calidad o se trata de un crecimiento concentrado en pocas manos? Estas son las preguntas que plantea el economista Ezequiel Iglesias, quien sostiene que el discurso presidencial omite un análisis profundo sobre la calidad del crecimiento.
“Hay que preguntarse si los sectores que crecen generan mucha mano de obra o si hay una hiperconcentración que excluye a los rubros más dinamizantes”, señaló Iglesias.
Uno de los puntos más críticos que atraviesa el informe es el explosivo incremento de la deuda pública. Algunos análisis hablan de un endeudamiento de alrededor de US$ 900 millones en algunos indicadores, un ritmo que enciende alarmas en el ámbito financiero.
“Peña habla del crecimiento, pero no explica por qué se da un aumento tan intensivo de la deuda”, cuestionó. Para el economista, lo relevante no es solo el monto, sino el destino de los recursos. “Si esos fondos son solo para la administración de pasivos, sería un mensaje muy negativo para todos. El ciudadano de a pie y los empresarios requieren inversiones de capital que nos acerquen al poderío en infraestructura que poseen los países de la región”, enfatizó.
En línea con estas críticas, el economista Rodrigo Ibarrola reconoció que es válido que Peña presente a Paraguay como el país que más creció en décadas, pero recomendó que, a medida que surjan análisis con más tiempo, estos abandonen los indicadores fundamentales clásicos y presten atención al desarrollo humano.
“El tipo de crecimiento que tiene Paraguay se basa en la acumulación”, afirmó Ibarrola, sugiriendo que el modelo actual prioriza la concentración de capital en sectores específicos.