Así lo explicó a InfoNegocios la docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNA, Lidia Pérez, quien señaló que en el país se registran al menos siete especies principales que comúnmente se conocen como tajy, aunque científicamente son diferentes entre sí.
Uno de los puntos más llamativos que destacó la especialista es que los tajy no florecen todos en la misma época ni de la misma forma.
“Hay especies que florecen en otoño e invierno, y otras que lo hacen más tarde. Como una de las especies tiene una floración más larga, llega un momento en que se superponen y se ven florecer juntas”, explicó.
Esto significa que en algunos lugares se pueden ver dos tipos distintos de tajy rosado floreciendo al mismo tiempo, lo que muchas veces hace pensar que se trata de una sola especie, cuando en realidad son árboles diferentes compartiendo el mismo espacio y época del año.
Entre los más conocidos están los tajy de flores rosadas, como Handroanthus impetiginosus y Handroanthus heptaphyllus. Son los más comunes en ciudades, rutas y áreas rurales.
Aunque ambos tienen flores rosadas, no son iguales. Uno tiene hojas divididas en cinco partes, mientras que el otro puede tener hasta siete, y también pueden crecer a alturas muy diferentes.
Además, existen especies de tajy de flores amarillas, como Handroanthus albus, Handroanthus ochraceus y Handroanthus pulcherrimus. A estas se suma el conocido “paratodo”, identificado como Tabebuia aurea, que también tiene flores amarillas.
Otra especie es el Tabebuia roseo-alba, que se distingue porque sus flores son blancas.
Incluso hay casos menos conocidos de árboles con flores verdosas, como el Tecoma stans, que popularmente también se asocia al tajy, aunque pertenece a otro grupo.
La investigadora explicó que estas especies no son exclusivas de Paraguay. Muchas también se encuentran en países vecinos como Brasil, Bolivia y Argentina.
Por ejemplo, el tajy rosado (Handroanthus impetiginosus) tiene una distribución muy amplia en Sudamérica, lo que significa que crece de forma natural en diferentes tipos de bosques y climas de la región.
Esto convierte al tajy en un árbol regional, no solo paraguayo, y refuerza la importancia de su estudio y conservación a nivel compartido entre países.
Más allá del color de la flor, hay otro punto importante: dentro de una misma especie pueden existir variaciones.
Pérez explicó que a veces un árbol que normalmente tiene flores rosadas puede dar flores blancas. Esto no significa que sea otra especie y tampoco significa que es una nueva variedad de la misma, sino una diversificación genética que se expresa solo en algunos casos muy particulares.
“Es un tema genético. Puede aparecer un color distinto dentro de la misma especie”, indicó.
Por eso, los especialistas no se guían solo por el color, sino también por las hojas, el tamaño del árbol y otras características para identificarlos correctamente.
Además del color, hay detalles que ayudan a diferenciar las especies. Por ejemplo, la forma de las hojas es clave: algunas tienen cinco partes y otras siete. También hay diferencias en el crecimiento, ya que ciertos tajy pueden alcanzar entre 8 y 12 metros, mientras que otros superan los 30 metros de altura.
Incluso la distribución geográfica ayuda a identificarlos, ya que algunas especies están más presentes en el Chaco, otras en la región oriental o en zonas de frontera.
Para la investigadora, el principal desafío hoy no es solo conocer estas especies, sino proteger los bosques donde crecen. “Conocerlos es el primer paso para poder conservarlos”, destacó.
En Paraguay, el tajy es un símbolo de la primavera y una muestra de la riqueza natural del país, con múltiples especies, distintos colores y épocas de floración que se entrelazan cada año.
Entender esa diversidad es clave para valorar lo que tenemos y para asegurar que estas especies sigan formando parte del paisaje paraguayo en el futuro.