Arnaldo Levera: “La planificación de sucesión es una herramienta que trae solución, que trae paz, tanto en la familia como a la empresa”

(Por NL) Casi nadie quiere pensar en qué va a pasar con la empresa familiar cuando ya no esté el fundador. Mientras el negocio funciona, las cuentas cierran y la familia trabaja junta, hablar de herencia parece ser una conversación incómoda y preferible dejarla para después. El problema es que ese “después” puede llegar sin aviso y encontrar a todos sin saber muy bien qué hacer.

¿Qué pasa con las acciones? ¿Quién toma las decisiones? ¿Qué ocurre si uno de los hijos viene trabajando hace años en la empresa y otro no? ¿Y si aparecen nietos que también forman parte del negocio? Son preguntas que muchas familias empresarias prefieren dejar para más adelante, pero pueden convertirse en un problema cuando ya no está la persona que llevaba el timón.

En conversación con InfoNegocios, el Dr. Arnaldo Levera, docente de la Cátedra de Derecho Civil-Sucesiones de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y magistrado judicial, afirmó que la sucesión no debería empezar el día del fallecimiento, sino mucho antes; que hay que anticiparse a la muerte y tener todos los documentos en orden.

Levera cuenta con una amplia trayectoria vinculada al derecho sucesorio y explicó que la herencia también puede involucrar directamente al patrimonio de una empresa. Y ahí es donde una situación familiar puede transformarse rápidamente en un problema empresarial.

La cuestión, según el especialista, pasa por anticiparse y no necesariamente significa decidir hoy quién se queda con cada cosa, sino pensar cómo continuará la empresa si mañana falta su fundador, su presidente del directorio o su principal accionista.

“Planificar es anticiparse a un hecho que sabemos que, indefectiblemente, va a ocurrir, como es el fallecimiento de una persona”, añadió.

El problema no siempre es la herencia, sino no haber hablado antes

En una familia, las capacidades, intereses y vínculos con la empresa no siempre son iguales. Puede haber un hijo que desde joven acompañó al fundador y conoce el negocio de punta a punta, mientras que otro tomó un camino completamente diferente. También puede suceder que una nueva generación ya esté entrando al negocio.

Si todo eso no fue conversado ni previsto, el fallecimiento del fundador puede abrir una discusión sobre quién continúa, quién decide y cómo se mantiene funcionando la empresa.

Por eso, el especialista consideró que la planificación puede comenzar incluso desde la constitución de la sociedad, utilizando las herramientas legales disponibles y dejando previstas determinadas situaciones en los estatutos y en la estructura de la empresa.

La diferencia está entre llegar a ese momento con un camino trazado o empezar a resolver todo cuando el problema ya está encima.

“Una planificación bien hecha es una herramienta que trae solución, que trae paz, tanto en la familia como en la sociedad, en el comercio”, sostuvo.

Cuando nadie dejó nada previsto

¿Y si el fundador fallece y nunca se ocupó de planificar?

Ahí la familia puede terminar necesariamente en un proceso sucesorio judicial. El trámite debe iniciarse en el último domicilio de la persona fallecida y, dependiendo de la situación, puede involucrar a los distintos herederos y al cónyuge sobreviviente.

Y el tiempo empieza a jugar en contra. Levera señaló que hablar de una duración exacta es difícil porque cada sucesión tiene sus particularidades, pero estimó que actualmente un proceso sucesorio puede demandar, como mínimo, alrededor de dos años para quedar completamente terminado e inscripto.

Es decir, algo que una familia quizás pensó que iba a resolverse rápidamente puede convertirse en un trámite de varios años, especialmente si existen bienes, sociedades, distintos herederos o situaciones que deben regularizarse.

Existen diferentes mecanismos para anticiparse, como la partición por donación, la partición por testamento o incluso determinadas decisiones tomadas al momento de conformar una sociedad. La herramienta adecuada dependerá de cada situación y del asesoramiento profesional correspondiente.

Pero hay algo todavía más básico que también puede complicar las cosas: no saber dónde están los papeles.

El “mañana lo hago” también forma parte del problema

Escrituras, documentos de vehículos, papeles relacionados con propiedades, hipotecas y otros documentos que acrediten la titularidad de los bienes deberían estar en regla y disponibles.

El abogado puso especial énfasis en la costumbre de dejar las cosas para después. Ese “mañana veo”, según su mirada, puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza cuando la familia necesita demostrar qué bienes existen, quién es su propietario o qué documentación falta.

“Tenemos que perderle el miedo a hablar de la muerte”, remarcó.

Para el especialista, hablar de sucesiones no significa esperar a que alguien esté enfermo ni pensar únicamente en el final. También implica ordenar hoy aquello que mañana necesitarán quienes queden: documentos, propiedades, vehículos, participaciones societarias y, especialmente, las reglas para que una empresa pueda seguir funcionando.

Porque construir una empresa puede llevar mucho tiempo, pero su continuidad puede complicarse si nadie se ocupó de prever qué pasará cuando falte quien la encabeza. El propio Levera hizo referencia a esa costumbre de dejar las cosas para después, al mencionar el “vaí, vaí, así nomás”, tan arraigado entre los paraguayos, como una forma de postergar decisiones que, en materia sucesoria, puede terminar generando conflictos y trámites que podrían haberse evitado.

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