“El mayor error es creer que existe una fórmula única para todos los conflictos empresariales y reaccionar sin reconstruir los hechos”

(Por NL) Si un día cualquiera alguien del directorio de una empresa detecta movimientos extraños como facturas que no cierran del todo, clientes que desaparecieron, transferencias difíciles de explicar o incluso a algún funcionario de máxima confianza que, en silencio, venía armando un negocio paralelo con recursos de la propia firma, la reacción suele ser siempre la de demandar o denunciar para buscar responsables.

Pero en medio de la urgencia y la presión del momento, muchas empresas pasan por alto un punto que una denuncia por sí sola no garantiza ni la recuperación del dinero ni la contención del daño a tiempo.

“Lo primero normalmente no es iniciar una demanda ni presentar una denuncia. Lo primero es entender qué pasó”, explicó a InfoNegocios el abogado Oscar E. Casco Ortigoza, del Estudio Jurídico Duarte Cacavelos Abogados, especializado en asesoría empresarial y protección patrimonial.

Es ahí donde dice que empieza una carrera contra el tiempo que no se trata solo de castigar a un responsable, sino de reconstruir lo ocurrido, asegurar documentación, proteger activos y evitar que el problema siga creciendo mientras la empresa intenta seguir funcionando.

El error comúnmente es creer que estos conflictos se resuelven únicamente desde el terreno penal. Si bien esa vía es importante para investigar posibles delitos y determinar responsabilidades, el problema empresarial casi siempre es más amplio.

“Los conflictos empresariales ya no pueden trabajarse por compartimentos aislados”, sostuvo.

En la práctica, un mismo caso puede tocar varias áreas al mismo tiempo ya sea lo laboral, lo societario, lo patrimonial, lo comercial y eventualmente lo penal. Por eso, antes de actuar, muchas empresas necesitan primero entender qué falló dentro de su propia estructura.

Cuando aparecen fraudes internos o abusos de confianza, no solo emerge el hecho puntual, sino también fallas más grandes como funciones poco claras, exceso de confianza, falta de controles, decisiones concentradas en pocas manos o poca trazabilidad de las operaciones.

Todo eso termina complicando después tanto la reconstrucción del caso como la posibilidad real de recuperar lo perdido.

Ahí es donde aparece el frente civil y comercial, que muchas veces no es el más visible, pero sí el más determinante cuando el objetivo es proteger el patrimonio de la empresa.

Dependiendo del caso, pueden activarse medidas cautelares, embargos, inhibiciones, rendiciones de cuentas o mecanismos para congelar activos y frenar movimientos mientras avanza la investigación.

Porque en este tipo de conflictos, el riesgo no es solo lo que ya pasó. Muchas veces el problema es lo que puede seguir pasando mientras nadie actúa.

“El tiempo normalmente juega en contra de la empresa”, advirtió Casco.

Y agrega una idea para resumir el enfoque “La diferencia entre una empresa que logra contener el problema y otra que termina sufriendo daños mucho mayores está directamente relacionada con la rapidez y el orden con el que actuó durante los primeros días de la crisis”.

Por eso insiste en que la prevención dejó de ser algo meramente defensivo, ya que hoy es parte de la gestión empresarial.

Tener contratos claros, procesos ordenados, funciones delimitadas y controles internos no solo ayuda a prevenir conflictos, sino también a reaccionar mejor cuando la crisis aparece.

“Muchas veces prevenir correctamente un conflicto le permite a la empresa enfocarse en producir, crecer y operar, en lugar de terminar consumiendo tiempo, recursos y energía en litigios prolongados o crisis evitables”, finaliza.

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