El dispositivo, que se retrae dentro del tablero cuando el vehículo entra en modo autónomo, no está aún en producción, pero representa un adelanto concreto de cómo la movilidad automática podría transformar la experiencia de viaje. En el prototipo de Autoliv, el volante se despliega como cualquier volante tradicional cuando el conductor decide tomar control manual, y se pliega suavemente para liberar espacio en la cabina cuando el sistema autónomo asume la conducción.
“El diseño responde a una pregunta profunda: ¿qué sentido tiene un volante fijo cuando el vehículo puede manejarse solo?”, explican desde Autoliv. Y es una cuestión clave: en los autos autónomos de nivel 4, donde el sistema asume todas las tareas de conducción en escenarios específicos sin intervención humana, un volante tradicional puede convertirse en un obstáculo tanto físico como funcional
El prototipo incluye sistemas de seguridad integrados: en modo manual, el volante conserva un airbag convencional; en modo autónomo, un segundo airbag detrás del tablero se activa en caso de accidente, asegurando que la innovación no comprometa la protección del pasajero.
Más allá de la curiosidad tecnológica, el volante plegable es un síntoma de cómo los interiores de los vehículos se están reinventando. Libera espacio, permite nuevas formas de interacción y apunta hacia cabinas que priorizan la experiencia del pasajero más allá de la conducción. En un mundo donde los autos se manejan solos, el concepto de “puesto de conducción” se vuelve flexible y adaptable.
El volante plegable de Autoliv recuerda que la innovación automotriz no se limita a la potencia o velocidad, sino también a repensar la relación entre el ser humano y la máquina dentro del vehículo. Aunque todavía es un prototipo, es un vistazo concreto de lo que los autos autónomos podrían ofrecer en pocos años.