Ramos asume el liderazgo con una visión clara: evolucionar sin romper. “Mi elección no representa una ruptura, sino una evolución”, sostuvo en entrevista con Infonegocios y explicó que la propuesta que encabezó se basa en capacidades, profesionalización y visión estratégica. Su trayectoria siempre estuvo vinculada a la gestión y al sector privado, y afirmó creer “profundamente en el rol del empresariado organizado como motor del desarrollo económico y social del Paraguay”.
En términos institucionales, recibe un Club con prestigio consolidado, capacidad de convocatoria y una marca respetada dentro del ámbito corporativo. Desde el punto de vista financiero, destaca que se trata de una organización ordenada, condición que permite proyectar crecimiento sostenible. Sin embargo, advierte que ninguna institución madura puede quedarse estática. “Toda organización necesita evolucionar en procesos, en medición de impacto y en propuesta de valor”, remarcó.
Uno de los ejes centrales de su gestión será la profesionalización interna. Esto implica comisiones con objetivos definidos, planificación estratégica y métricas concretas de desempeño. “La gestión debe medirse. Sin indicadores, no hay evolución”, afirmó, dejando en claro que el enfoque estará orientado a resultados verificables y no solo a declaraciones de intención.
Hacia afuera, el desafío es posicionar al Club como un referente técnico e independiente dentro de la agenda empresarial nacional. Ramos enfatizó que la institución debe consolidarse como un espacio de diálogo responsable entre el sector público y el sector privado, manteniendo independencia, rigor técnico y credibilidad. “El Club no debe ser un espacio de coyuntura política, sino de institucionalidad y propuestas basadas en evidencia”, subrayó.
Para los próximos 12 meses, la presidenta establece metas concretas: incrementar la participación activa de los socios en eventos y comisiones, elevar el estándar de formación ejecutiva y consolidar el hub de inversiones como plataforma de vinculación internacional. Además, se propone generar propuestas técnicas desde el Club sobre temas estratégicos para el país, aportando análisis y soluciones a debates clave.
Los indicadores que medirán el éxito de la gestión incluyen niveles de participación, satisfacción de los socios, cantidad de alianzas estratégicas firmadas, sostenibilidad financiera y calidad de los programas ejecutados. La lógica es clara: fortalecer la institucionalidad a través de gestión profesional y métricas objetivas.
Con una proyección de tres a cinco años, Ramos visualiza al Club como el principal referente de liderazgo empresarial del Paraguay, con influencia técnica real en la agenda pública y una red internacional activa. Su visión contempla consolidar al Club como centro de formación ejecutiva de referencia, hub de articulación empresarial e inversiones y una institución con procesos profesionalizados y sostenibles en el tiempo.
En un escenario económico que exige competitividad, innovación y sostenibilidad, la presidenta sostiene que el papel del Club debe ser formador y articulador. Paraguay, afirma, necesita empresarios preparados en transformación digital, gobernanza y sostenibilidad. “La competitividad no depende solo de condiciones macroeconómicas, sino de la calidad del liderazgo empresarial”, explicó.
Su mensaje final resume el espíritu de esta nueva etapa: “Si fortalecemos el liderazgo, fortalecemos al país”. Con esa premisa, Laura Ramos inicia una gestión que apuesta a combinar institucionalidad, medición de resultados y visión estratégica para posicionar al Club de Ejecutivos como un actor cada vez más influyente en el desarrollo económico del Paraguay.
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