La edición que arrancará el 11 de junio de 2026 marcará un antes y un después en la historia de los mundiales. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, en lugar de las tradicionales 32, y se disputarán 104 partidos en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá. La ampliación del formato incrementó el potencial de ingresos, atrajo a más patrocinadores y elevó las expectativas de asistencia y consumo alrededor del evento.
Las proyecciones indican que alrededor de 6,5 millones de personas asistirán a los encuentros en las sedes norteamericanas. Ese flujo masivo de visitantes generará un gasto estimado de hasta US$ 13.900 millones en alojamiento, gastronomía, transporte, compras y actividades recreativas, impulsando economías locales y cadenas de valor vinculadas al turismo.
Además del impacto directo sobre el consumo, el informe prevé la creación de cerca de 824.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en todo el mundo. Estados Unidos concentrará gran parte de esos beneficios, con una contribución proyectada de US$ 17.200 millones al PIB y alrededor de 185.000 nuevos empleos asociados al torneo.
La magnitud económica del certamen también se refleja en los ingresos que espera obtener la propia FIFA. Diversos análisis estiman que el organismo superará los US$ 10.900 millones en ingresos y podría acercarse a los US$ 13.000 millones gracias a los derechos de televisión, la venta de entradas y los acuerdos comerciales con marcas globales. El crecimiento responde, en gran medida, al aumento de partidos y a la incorporación de nuevos mercados para patrocinadores y broadcasters.
La industria deportiva observa el Mundial 2026 como un caso emblemático del crecimiento del deporte como negocio global. El Foro Económico Mundial señaló recientemente que la economía del deporte se encuentra entre los sectores con mayor potencial de expansión durante las próximas décadas y destacó que eventos de escala planetaria como la Copa del Mundo generan beneficios económicos y sociales que trascienden el ámbito deportivo.
Sin embargo, algunos especialistas advierten que las cifras proyectadas deben analizarse con cautela. Estudios recientes sobre grandes eventos deportivos muestran que los beneficios económicos suelen concentrarse en determinados sectores y ciudades, mientras que los gobiernos locales enfrentan elevados costos de seguridad, logística e infraestructura. La experiencia de sedes de eventos anteriores alimentó el debate sobre cuánto del impacto anunciado se traduce realmente en ganancias netas para las comunidades anfitrionas.
Más allá de esas discusiones, el Mundial 2026 ya se perfila como una plataforma global de negocios. Las ciudades sede esperan aprovechar la exposición internacional para atraer inversiones, fortalecer su imagen turística y captar visitantes incluso después del torneo. En mercados como Nueva York y Nueva Jersey, por ejemplo, las autoridades proyectan US$ miles de millones en actividad económica vinculada al evento y más de un millón de visitantes durante la competencia.
Con una audiencia potencial cercana a los 6.000 millones de personas, el campeonato también ofrecerá una vitrina sin precedentes para marcas, patrocinadores y destinos turísticos. La combinación de una escala récord, una audiencia global masiva y un flujo extraordinario de inversiones convierte al Mundial 2026 en mucho más que un torneo de fútbol: lo transforma en uno de los mayores acontecimientos económicos y comerciales del planeta.